Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1050

Víctor tosió disimuladamente.

—Yo es que aparento un poco más, pero la verdad sí tengo dieciocho. Pero tú te ves mucho mayor, cuando te vi por primera vez, pensé que tenías unos cuarenta.

—Dieciocho, diecinueve, veinte...

Al ver que Dante empezaba a contar, Víctor torció la boca. Definitivamente le falta un tornillo, pensó.

—Oye, puedo contar hasta cien.

—Guau, qué increíble.

—¿Verdad? Aunque todos me dicen que soy un tonto.

—Si con solo dieciocho años ya puedes contar hasta cien, que es un número mayor a tu propia edad, eres bastante increíble.

—¿Tú puedes contar hasta cien?

—No, mi cerebro no da para tanto.

Víctor decía cualquier tontería mientras jugaba, pasando varios niveles seguidos, tan emocionado que ya se había olvidado de todo lo demás.

—Me caes bien, ¿podemos ser buenos amigos?

—Claro, lo que digas.

—¡Guau, tengo un buen amigo! ¡Voy a decírselo a todos!

—Ve, ve a contarles.

—Oye, amigo, ¿cómo te llamas?

—Víctor.

Víctor apretaba los botones del control a toda velocidad, casi metido dentro de la pantalla, hasta que Floriana salió a llamarlo para irse a casa.

—Espérate un momento, termino esta partida.

Floriana rio.

—¿Qué edad tienes para seguir jugando a eso?

—¡Dieciocho, tengo dieciocho!

La mamá de Dante, que justo salía en ese momento y escuchó eso, miró a Víctor detenidamente.

—¿No será que él también sufrió algún daño cerebral?

Dante no había nacido así; quedó en esa condición tras un accidente automovilístico. Era evidente que su madre sospechaba que a Víctor le había pasado lo mismo.

Floriana sonrió.

—La verdad es que sí tiene el cerebro un poco dañado.

—Ay, tan joven... qué lástima.

—Sí, siempre cree que tiene dieciocho años.

—Ha de ser muy difícil para ti.

—¡Él es mi buen amigo, se llama Víctor!

Dante se abrió paso entre la gente y señaló a Víctor.

Unos cuantos curiosos negaron con la cabeza, chasqueando la lengua.

—¿Entonces este también está malito de la cabeza?

—¡Uy, con lo arregladito que se ve, quién diría que le falta un tornillo!

—Seguro tuvo un accidente y se golpeó la cabeza para quedar así.

—Pues ahora el pueblo tiene a dos loquitos.

Víctor tardó un rato en procesar lo que decían.

—¿A quién diablos le están diciendo loco?

Pero Floriana ya se había escabullido llevándose a Carlota; la vergüenza era demasiada.

Cuando Víctor regresó a la casa, dio varias vueltas por el patio, furioso.

—¡Quién demonios quiere ser amigo de él!

—¡Yo podré haber sido malo en la escuela, pero nadie me llama idiota!

—¡Hoy es el día de mi gran humillación!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido