Era una lástima que quisieran poner una planta química en un lugar rodeado de tanta naturaleza.
—Pero si solo se rompió un cable, deberían arreglarlo rápido. ¿Por qué se tardan tanto?
—Dicen que el encargado de la obra no los deja conectarlo.
—¿Cómo que no los deja?
—Pues nos la están haciendo cansada a propósito, para presionarnos a que firmemos el desalojo.
Floriana suspiró. Qué descaro tenían.
En ese momento, Lucho llegó con un grupo de jóvenes.
—Floriana, vamos a ir a la constructora a exigir una explicación. Acompáñanos, tú eres famosa, seguro te hacen más caso.
Floriana frunció el ceño.
—No es conveniente que yo me exponga.
Pero se trataba de un problema de toda la comunidad...
—¡Yo voy con ustedes! —Víctor salió del patio—. No está bien que vaya ella sola.
Lucho se rascó la cabeza.
—Tienes razón, no lo pensé bien. Entonces que nos acompañe el amigo.
—¿Cuál amigo? Me llamo Víctor.
—Ah, señor Crespo.
La boca de Víctor se torció.
—Mejor llámame Jairo.
Floriana no se quedó tranquila al ver que Víctor iba con ellos, temía que perdiera los estribos y la situación se saliera de control, así que le hizo mil recomendaciones antes de que se fuera.
—¿Acaso soy tan problemático? —se ofendió Víctor.
Floriana resopló.
—Has hecho demasiadas locuras, nomás que ya no te acuerdas.
—Empiezo a creer que lo hacen a propósito.
—¡No hay que creerlo, es un hecho!
Víctor le avisó a Floriana y se fue con Lucho. No regresó en toda la noche. Floriana no pudo dormir de la preocupación, pero afortunadamente regresó sano y salvo a la mañana siguiente.
Y en cuanto puso un pie en la casa, la electricidad también regresó.
—No dejaban de decir que fue un accidente, se pasaron toda la noche reparándolo y apenas quedó.
A media mañana, los promotores de la planta química pasaron de nuevo para presionar a los vecinos a firmar. Les mostraron fotos de un complejo de departamentos que, según ellos, habían construido especialmente para los habitantes del pueblo. Prometían tres de esos departamentos por familia, además de una generosa compensación económica.
Siendo sinceros, a muchos vecinos se les iluminaron los ojos, sobre todo porque esta vez venían acompañados de funcionarios municipales. Varias familias terminaron firmando.
Pero todavía quedaban los más tercos, aquellos que sentían que no debían permitir que una planta química contaminara la tierra donde habían vivido sus antepasados.
Los principales opositores estaban en la calle este, incluida Floriana.
Esa misma tarde, la luz volvió a cortarse, pero esta vez no en todo el pueblo, solo en su calle.
Quedaba claro que la empresa iba por ellos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...