Isabella asintió.
—Tiene toda la razón, señora Méndez. A ver si no se me pega el mal ejemplo de su hija.
A Ivana se le subió la sangre a la cabeza otra vez, pero frente al descaro de Isabella, no le quedó más que apretar los dientes y aguantarse.
***
En el vestidor, Adriana estaba que echaba chispas. Después de maldecir un buen rato, seguía furiosa. Salió disparada para buscar a Isabella y ajustar cuentas, pero Ivana la detuvo con una bofetada.
Adriana, increíblemente ofendida, soltó:
—¡Mamá! ¡Tú también me pegas!
Ivana respiró hondo y con fuerza.
—¿Ya te viste? ¿Ves en lo que te has convertido?
—¡Es que no lo soporto!
—¿Y qué piensas hacer? ¿Ponerte a su nivel? ¿Liarte a golpes y gritos con ella? ¿Quién es ella? La hija de una familia en ruinas. ¿Y quién eres tú? ¡Eres la hija mayor de los Méndez! ¿Dónde quedó tu clase? ¿Y tu orgullo? ¿Por qué en cuanto te la topas, pierdes la cabeza y se te olvida todo?
—Yo…
—¡Tú no eras así!
—¡Ella me quitó a Jairo, me robó a mi Jairo! —exclamó Adriana, rompiendo en un llanto desconsolado—. Mamá, tú sabes cuánto lo amo. Llevo toda la vida detrás de él. Desde que entendí lo que era el amor, supe que mi corazón era suyo. ¡Jamás he salido con otro hombre, solo he tenido ojos para él!
»Antes de que pasara… aquello, él era tan bueno conmigo. ¡Hasta me prometió que se casaría conmigo!
»Pero tuvo que pasar esa desgracia y, desde entonces, se alejó de mí. Ya no quiso saber nada, ¡incluso se fue a estudiar al extranjero para evitarme!
»¡Y yo me fui tras él! Me fui a estudiar al extranjero solo por él, ¡y siguió ignorándome, actuando como si no me conociera!
»Mamá, yo sé que en el fondo él me quiere, que me ama. ¡Si no hubiera sido por lo que pasó, se habría casado conmigo, no con esa mujer, no con Isabella!
***
Afuera, los murmullos no se hicieron esperar, así que Marcela no tardó en enterarse de lo que acababa de ocurrir.
Frunció el ceño y, en cuanto Isabella se acercó, le dijo:
—Te lo advierto, no vayas a dejar en ridículo a la familia Crespo.
Isabella ladeó la cabeza con una sonrisa.
—Alguien quiso pasarse de lista con la nuera de los Crespo. Si no me hubiera defendido, ¿no habrían pensado que con la familia Crespo cualquiera puede meterse?
—Nadie se atrevería a meterse con nosotros, siempre y cuando tú no andes buscando problemas.
—¿De verdad? —Isabella miró el vestido de noche negro que llevaba Marcela y suspiró—. Este vestido se lo escogió la señorita Méndez, ¿verdad?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...