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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 461

Ese día, el calor era sofocante, pero Jairo encontró un lugar a la sombra para leer.

Recordaba con claridad que leía una revista de ciencia ficción donde publicaban por entregas una novela. Estaba tan absorto que ni siquiera se dio cuenta de cuándo empezó a llover.

Lo único que lo sacó de su lectura fue el sonido de alguien tocando a la puerta. Le avisó al mayordomo de la familia Méndez, quien, mientras se dirigía a abrir, refunfuñaba: «¿Quién podrá ser con este aguacero?». Cuando Jairo iba a volver a sumergir la cabeza en el libro, vio que el mayordomo entraba con una niña de su misma edad. Llevaba el cabello en dos trenzas, pero tenía la cara y la ropa sucias, como si llevara mucho tiempo vagando por las calles.

No le prestó mucha atención y continuó con su lectura.

Más tarde, su madre y Marcela subieron a tomar el té y a contarse sus secretos, así que le encargó que cuidara de Lilia.

Echó un vistazo a la sala y vio a Lilia jugando a las muñecas con las niñas de la familia Méndez.

La tormenta llegó tan rápido como se fue. Cuando volvió a la realidad, vio a los niños de los Méndez jugando en el patio con los charcos de agua, pero Lilia no estaba por ningún lado.

Se levantó de un salto para buscarla. Al llegar al patio trasero, vio que la puerta estaba abierta. Alcanzó a ver el borde de un vestido y corrió hacia allá gritando «¡Lili!». Justo cuando estaba a punto de llegar a la puerta, el enorme árbol se derrumbó de repente…

Vio a su hermana aplastada bajo el árbol, la sangre mezclándose con el lodo hasta casi cubrirla por completo.

Lo recordó todo. Su madre le había pedido que cuidara de su hermana, no su padre. Ese día, su padre ni siquiera había ido a casa de los Méndez.

Fue él. Su descuido había provocado la muerte accidental de su hermana.

Isabella escuchaba a Jairo, reviviendo a la fuerza aquel día que deseaba olvidar con toda su alma. Pero la muerte de Lilia la obligaba a regresar una y otra vez.

Ellos sufrían, pero ella también.

—La odié durante tantos años, y al final… —Jairo soltó una risa amarga—. ¡Resulta que la persona que mató a Lilia fui yo!

—Jairo… —quiso consolarlo, pero se dio cuenta de que la colilla del cigarro le estaba quemando los dedos y él ni siquiera lo notaba.

Isabella le quitó el cigarro de un manotazo y le tomó la mano para examinarla. Una ampolla ya se estaba formando.

—La muerte de Lilia fue solo un accidente —dijo ella, con la voz apagada.

Capítulo 461 1

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