«Ojalá nunca la hubiera conocido…».
Se arrepentía. Se arrepentía de haberse casado con ella.
Isabella se quedó paralizada. Por un instante había creído que la tormenta entre ellos por fin pasaría, pero ahora se daba cuenta de que las nubes eran más densas que nunca.
Mientras ella aún albergaba esperanzas, él ya se sentía asfixiado por el peso de todo.
Cuando Jairo terminó de desahogar su ira contra Iván y de repente vio a Isabella, el pánico y la sorpresa se apoderaron de él.
Isabella se esforzó por sonreír.
—Llegaste.
Jairo abrió la boca, pero no le salieron las palabras.
—Subí a recoger unas cosas. Tengo que llevarlas a casa —dijo ella, fingiendo una naturalidad que no sentía mientras caminaba hacia la salida.
Al llegar a la puerta, Jairo la alcanzó.
—Yo… había bebido. Algunas cosas que dije… no eran lo que realmente pienso —intentó explicarse.
Isabella asintió con una sonrisa.
—Lo sé.
Al ver esa sonrisa forzada, el corazón de Jairo se llenó de una caótica frustración.
—¡No, no lo sabes!
—Jairo…
—¡No tienes ni idea de cómo me siento ahora mismo! —le gritó.
—Quizá no.
—¡Pero cómo es posible que no lo entiendas!
—¿Qué es lo que quieres de mí? —le preguntó, manteniendo un tono sereno, como si ya fuera una espectadora ajena a todo.
Jairo la miró, tan tranquila, y una sonrisa desolada se dibujó en su rostro.
—Todas estas emociones son solo mías. Tú… no tienes por qué preocuparte.
—De acuerdo.
—No me dejes.
—Será mejor que te lleve a casa.
Isabella condujo hasta el departamento de Jairo en el centro de la ciudad. Él se bajó del carro, pero ella no se movió de su asiento.
—Necesitamos calmarnos un poco.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...