Isabella frunció el ceño al instante.
—Hablé con él un buen rato. Parecía más tranquilo, pensé que me había escuchado. Pero me di la vuelta para servirle un vaso de agua y, en ese momento, se escapó de mi casa rodante.
—¿Acaba de irse?
—Hace unos diez minutos, más o menos.
—Entonces no debe de estar muy lejos.
Isabella pidió ayuda al equipo de producción mientras ella y Floriana comenzaban a buscarlo por un sendero de la montaña.
—Óscar vino a verme específicamente. Me dijo que antes había sido muy inmaduro y que sentía haberme causado tantos problemas. Se disculpó. Le dije que todos lo estaban buscando, y me aseguró que volvería pronto a casa, que ya había encontrado una manera de que su madre lo quisiera —relataba Floriana mientras caminaban.
Isabella suspiró. A pesar de cómo lo trataba Marcela, él seguía queriendo a su madre y buscando su aprobación.
—¡Qué niño tan ingenuo!
—Se le veía muy contento. No creo que deban preocuparse demasiado.
—Aun así, tenemos que encontrarlo. Hay que evitar que cometa alguna tontería.
La preocupación de Isabella crecía con cada segundo, y sin darse cuenta, aceleró el paso.
—¡Oye, ¿no es él?! —señaló Floriana hacia adelante.
Isabella también lo vio, pero estaban demasiado lejos para distinguirlo bien. Empezó a correr y, al acercarse, confirmó que era Óscar.
Redujo la velocidad y trató de avanzar en silencio para sorprenderlo por la espalda.
Sabía que el muchacho era escurridizo como un conejo; era imposible esperar que se quedara quieto y se dejara atrapar.
Estaba cada vez más cerca, a punto de lanzarse sobre él, cuando Óscar la descubrió.
—¿Isabella?
Tras la sorpresa inicial, se dio la vuelta y echó a correr a toda velocidad.
—¡Óscar, detente! —Isabella aceleró para perseguirlo—. ¡Puedes contarme lo que sea, yo te ayudaré! ¡Deja de correr! ¡Detente ahora mismo!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...