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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 466

Al recordar aquello, el rostro de Iván se iluminó de felicidad.

—Regresé justo a tiempo para escucharlo.

—Pero tú insististe en que esa vez no contaba, que no había dicho «papá» completo.

—Estaba segura de que la primera persona a la que llamaría sería a mí.

—Y como un mes después, aprendió a decir «mamá».

—Tenía siete meses y diez días. Estaba amamantándola cuando de repente dijo «mamá».

Al revivir ese momento, los ojos de Marcela se llenaron de lágrimas de felicidad.

—Ninguno de ustedes lo vio. Se veía tan dulce, tan adorable… Y su vocecita era tan suave, tan bonita.

Se quedaron allí sentados, uno al lado del otro, perdidos en sus recuerdos.

Isabella, instintivamente, se llevó la mano al vientre. Allí crecían dos pequeñas vidas. Si decidía tenerlos, ella también viviría experiencias como esas.

«¿Debería tenerlos?».

—¿Te sientes mal? —le preguntó Jairo.

Isabella negó con la cabeza.

—No.

Jairo se acercó a ella y observó su expresión con atención.

—Si te sientes incómoda, le puedo pedir a Alfredo que te lleve de regreso.

Isabella esbozó una leve sonrisa.

—No, estoy bien. Quiero quedarme con Iván un rato más.

Un buen rato después, Iván les hizo una seña a Jairo y a Isabella para que se acercaran.

—Lili, ella es la esposa de tu hermano. Tu cuñada.

—¡Iván!

Marcela volvió a agitarse, pero Iván le apretó la mano con firmeza.

—Todos los encuentros en la vida son obra del destino. Lili, estoy seguro de que te agradaría tu cuñada. De ahora en adelante, ella vendrá a visitarte en mi lugar.

Después de cenar, mientras Isabella subía las escaleras, escuchó ruidos en el baño. Se acercó y vio a Marcela inclinada sobre el inodoro, vomitando.

Había comido mucho durante la cena solo para hacer feliz a Iván, pero su estado mental y físico era tan frágil que su cuerpo no pudo digerir la comida.

Isabella le sirvió un vaso de agua y se lo ofreció.

Cuando Marcela la miró, su mirada seguía siendo afilada y fría.

En ese momento, Isabella no tenía ganas de discutir. Dejó el vaso en una mesita cercana y salió del baño.

Regresó a su habitación, tomó una manta y bajó para cubrir a Iván.

—Gracias por lo de hoy —le dijo Iván.

Isabella se sentó en un escalón a su lado.

—¿Hay algo más que quiera decirme?

Iván cerró los ojos, escuchando el sonido de las olas rompiendo en la orilla.

—Te encontré hace dos años, pero en ese momento no tenía ningún plan. ¿Sabes qué fue lo que me hizo pensar que podrías casarte con Jairo?

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