Al recordar aquello, el rostro de Iván se iluminó de felicidad.
—Regresé justo a tiempo para escucharlo.
—Pero tú insististe en que esa vez no contaba, que no había dicho «papá» completo.
—Estaba segura de que la primera persona a la que llamaría sería a mí.
—Y como un mes después, aprendió a decir «mamá».
—Tenía siete meses y diez días. Estaba amamantándola cuando de repente dijo «mamá».
Al revivir ese momento, los ojos de Marcela se llenaron de lágrimas de felicidad.
—Ninguno de ustedes lo vio. Se veía tan dulce, tan adorable… Y su vocecita era tan suave, tan bonita.
Se quedaron allí sentados, uno al lado del otro, perdidos en sus recuerdos.
Isabella, instintivamente, se llevó la mano al vientre. Allí crecían dos pequeñas vidas. Si decidía tenerlos, ella también viviría experiencias como esas.
«¿Debería tenerlos?».
—¿Te sientes mal? —le preguntó Jairo.
Isabella negó con la cabeza.
—No.
Jairo se acercó a ella y observó su expresión con atención.
—Si te sientes incómoda, le puedo pedir a Alfredo que te lleve de regreso.
Isabella esbozó una leve sonrisa.
—No, estoy bien. Quiero quedarme con Iván un rato más.
Un buen rato después, Iván les hizo una seña a Jairo y a Isabella para que se acercaran.
—Lili, ella es la esposa de tu hermano. Tu cuñada.
—¡Iván!
Marcela volvió a agitarse, pero Iván le apretó la mano con firmeza.
—Todos los encuentros en la vida son obra del destino. Lili, estoy seguro de que te agradaría tu cuñada. De ahora en adelante, ella vendrá a visitarte en mi lugar.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...