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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 473

—Señorita Quintero, ¿está completamente segura de su decisión?

La doctora le preguntó una vez más. Ella había sido su médica de cabecera desde el accidente de carro, y sabía por todo el tratamiento que había pasado precisamente para poder concebir.

Ahora que por fin lo había logrado, y además con gemelos, quería renunciar a ellos.

—Tiene que pensarlo muy, muy bien. Si interrumpe este embarazo, sus posibilidades de concebir en el futuro serán aún menores.

Isabella respiró hondo.

—Doctora Benítez, ya me ha dicho todo esto varias veces.

—Por eso mismo insisto en que debe considerarlo con calma. No tome una decisión impulsiva de la que podría arrepentirse toda la vida.

Isabella negó con la cabeza.

—No me arrepentiré.

Al ver que la decisión de Isabella era inamovible, la doctora solo pudo suspirar con resignación.

—Muy bien, entonces. Pasemos al quirófano.

Isabella, ya vestida con la bata de hospital, siguió a la doctora. Justo cuando estaba por entrar, una mano grande la sujetó con fuerza.

—¡¿Qué estás haciendo aquí?!

Era Jairo. Su mirada pasó del letrero del quirófano a la bata que ella llevaba, y sus ojos se helaron al instante.

Isabella intentó soltarse, pero él la sujetaba con tanta fuerza que sentía que podría romperle los huesos.

—¡Respóndeme! —le gritó.

—Yo… —Isabella se mordió el labio—. Ya no quiero tener a estos bebés.

—¡Isabella!

—¡Dije que ya no quiero tener a los bebés que llevo dentro!

—¡Son nuestros hijos!

—¡Pues ya no los quiero!

—¡¿Qué locura estás haciendo?!

—¡Yo no estoy loca! ¡El loco eres tú!

—¿Qué demonios te hice?

—¡Me haces sentir miserable!

Jairo frunció el ceño.

—No entiendo de qué hablas.

—Después de todo lo que ha pasado, estás sufriendo, eres incapaz de sanar, y aun así te empeñas en fingir frente a mí que todo está bien. ¿Crees que me siento cómoda viendo tu cara con esa sonrisa falsa todos los días?

»…

—¡Pues no, para nada! ¡Verte cada día se ha convertido en una tortura!

Aquellas palabras hicieron que los ojos de Jairo se enrojecieran. No podía creer que esas frases tan crueles salieran de la boca de Isabella.

—Te dije que soy una persona egoísta. Nadie es más importante para mí que yo misma. Vivir contigo ya no me hace feliz, y el futuro que vislumbro a tu lado es esta misma vida que me repugna. Así que, ¿por qué debería obligarme a seguir contigo?

—¿Estar conmigo se ha convertido en una obligación?

—¿Acaso no he sido lo suficientemente clara?

—Entonces, lo que quieres es…

—¡El divorcio!

A Jairo se le cortó la respiración. Las crueles palabras de Isabella eran como puñales que se clavaban, uno tras otro, con una precisión letal en sus puntos más vulnerables.

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