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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 477

El pueblo no era grande. Después de buscar por todas partes, finalmente los encontraron en la calle sur, cerca de una pequeña tienda de abarrotes.

Los dos pequeños estaban escondidos a ambos lados de la puerta de un patio contiguo a la tienda. De vez en cuando, asomaban la cabeza para espiar adentro y luego volvían a ocultarse con sigilo.

—¡Seguro que han hecho alguna maldad! —afirmó Floriana con total certeza.

Isabella asintió. Justo cuando se disponían a acercarse para atraparlos, un hombre de unos treinta años salió de la casa.

Al bajar el primer escalón, resbaló y cayó estrepitosamente al suelo.

—¡Ay!

Soltó un quejido de dolor.

Carlota y Samuel, que estaban escondidos, corrieron a ayudarlo. Se pusieron uno a cada lado e intentaron levantarlo con mucho esfuerzo.

El hombre, conmovido, les dijo:

—Me he golpeado la espalda, no podrán levantarme. Déjenme descansar un momento y estaré bien.

Carlota, una niña regordeta y sonrosada como un durazno, se sentó a su lado con sus grandes ojos húmedos.

—Señor, ¿se ha hecho mucho daño?

El hombre miró el agua en los escalones, extrañado.

—¿Quién ha tirado tanta agua en mi puerta? Parece que lo han hecho a propósito para hacer daño a alguien.

—¡Sí, qué mala es la gente que tira agua así! —exclamó Carlota.

—Oye, ¿tú no eres compañera de clase de mi Lea?

—Sí, sí. Lea y yo somos muy buenas amigas.

Mientras el hombre y la niña charlaban animadamente, Samuel ya había aprovechado para quitarle las llaves que colgaban de su cintura y se había escabullido adentro.

Ese pequeño era un torbellino, siempre trepando muros y árboles. Su energía era tal que Isabella había considerado más de una vez enviarlo de vuelta con los Crespo.

Floriana quiso intervenir, pero Isabella la detuvo.

Capítulo 477 1

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