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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 486

Leandro exhaló un suspiro y descolgó el teléfono.

—Lucas, ¿qué pasa que me llamas tan tarde?

Al oír ese nombre, la mano de Isabella, que sostenía los cubiertos, se quedó inmóvil.

Lucas Crespo, el hijo mayor que tuvo con Jairo.

Poco después de su nacimiento, le pidió a su hermano que se lo entregara a Jairo. Durante estos años, había intentado volver a Nublario para verlo a escondidas, pero la familia Crespo protegía al niño con tanto recelo que nunca lo había conseguido.

—El domingo pasado me prometiste que mañana me llevarías a tu laboratorio. Solo llamo para confirmar que no has olvidado nuestro acuerdo.

—No, por supuesto que no lo he olvidado, es solo que mañana…

—Perfecto. Entonces, mañana vienes a recogerme a casa.

—Pero es que mañana de verdad estaré muy ocupado en el laboratorio…

—Tío, ese es tu problema, no el mío. Así que arréglatelas como puedas.

Dicho esto, se dispuso a colgar.

—Eh, espera… —Leandro miró a Isabella y señaló el teléfono, preguntándole con un gesto si quería hablar con el niño.

Isabella vaciló un momento, pero al final negó con la cabeza.

Leandro no lo entendía, pero no la forzó.

—Bueno, duerme temprano. Mañana por la mañana paso por ti.

—Buenas noches, tío.

Tras colgar, Leandro no pudo evitar un tono de reproche en su voz.

—Aunque te hayas divorciado del señor Crespo, eso no significa que no puedas tener una relación con Lucas. No has venido a verlo en todos estos años, ¿no te parece un poco cruel?

—Siento que la distancia entre Jairo y yo es ya insalvable. Él ya no es alguien a quien pueda alcanzar, y tampoco quiero intentarlo, así que es mejor dejar las cosas así.

Isabella frunció el ceño. Desde que supo que Gabriel estaba detrás de Constructora Edifica, confirmó que todo era una trampa montada especialmente para ella. Así que no serviría de nada lo que hicieran; primero tenían que desmantelar su juego.

Al mediodía, cuando Isabella se disponía a ir a comer con Sara y los demás, recibió una llamada de la agencia inmobiliaria.

—Señorita Quintero, ¿está segura de que no hay ningún problema con la propiedad de la casa que puso en venta con nosotros?

—Claro que no, ¿por qué lo pregunta?

—Hoy llevé a unos clientes a ver la casa, pero no estaba vacía, ¡había gente viviendo ahí!

—¿Cómo que gente viviendo ahí?

—Y encima, la persona que nos abrió dijo ser la dueña de la casa y nos corrió a gritos.

Isabella se quedó realmente desconcertada.

—Voy para allá ahora mismo.

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