La esposa de David no sabía mucho sobre la hija ilegítima. Aunque Isabella tenía sus sospechas, no podía confirmarlas. Al salir de la casa de los Suárez, se topó de frente con el viejo que había intentado extorsionarla hacía un rato.
El anciano, sintiéndose culpable, fingió no conocerla y agachó la cabeza para entrar al patio.
Isabella volteó y vio que la esposa de David, al ver al viejo, se alteró de inmediato.
—¡Tu hijo murió! ¡No nos dejó ni un centavo, solo un montón de deudas! ¡Hace un momento vinieron los cobradores a tocar la puerta! Y tú todavía tienes el descaro de pedirme dinero, ¿de dónde quieres que lo saque?
El viejo jaló un banco y se sentó de golpe, con pesadez.
—Me importa un comino si mi hijo está vivo o muerto. Ya que te casaste con él, eres parte de la familia Suárez. ¡Es tu obligación darme dinero, mantenerme y atenderme como se debe!
—¡Tú... tú lo que quieres es matarnos de hambre a mi hija y a mí!
—Bah, si te mueres, todavía quedan tus hijos para mantenerme.
—Tú...
La mujer estaba tan furiosa que se golpeaba el pecho de la impotencia, pero no sabía qué hacer con ese viejo sinvergüenza.
Isabella dudó un momento, pero no pudo ignorar la situación, así que regresó.
—¿Usted es el padre de David? —preguntó, arqueando una ceja hacia el anciano.
El viejo la miró, titubeó un instante y asintió.
—¿Quién eres tú? ¿Qué quieres conmigo?
—Su hijo me debía mucho dinero. Ya que usted es su padre, ¡págueme usted!
Al escuchar eso, el viejo saltó del banco como si tuviera un resorte.
—¡Él te lo debía, ¿por qué tengo que pagarte yo?!
—¿Pues no dice que es su padre?
—¿Y qué si soy su padre? Le entregué el patrimonio familiar y se lo gastó todo. Ahora que está muerto y quieren que pague sus deudas, ¿con quién me quejo yo?
Isabella entrecerró los ojos.
—Deuda de hijo, paga el padre; es la ley de la vida. Si no me paga... mmm, voy a hacer que le rompan las piernas.
—¡Cóbrenle a ella! ¡Ella es mi nuera! ¡Todo el dinero que ganó mi hijo se lo dio a ella! —gritó el viejo, señalando apresuradamente a la esposa de David.
La mujer estalló en llanto del coraje.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...