En ese momento, Isabella se convirtió en la protagonista absoluta.
Adriana apretó los dientes de rabia.
—Abuelo, ¿cómo puede hacer esto?
—¡Mantén la calma! —Julen respiró hondo—. Ella tiene a Jairo como respaldo, pero no olvides que tu prometido también es un Crespo, y además es el heredero legítimo de la familia Crespo.
Adriana recordó entonces a Víctor Crespo, pero miró a su alrededor y no lo vio.
—Él... no vino hoy.
Julen soltó un bufido.
—Ese inútil... si no fuera porque es el único nieto de la familia Crespo y el competidor más fuerte de Jairo, jamás te habría permitido comprometerte con él.
Adriana apretó los puños.
—¡Voy a llamarlo!
—Dile que venga de inmediato, ¡no podemos permitir que Isabella te robe todo el protagonismo!
—Sí.
Adriana salió apresuradamente a llamar por teléfono. Mientras tanto, Isabella ya estaba rodeada de invitados. Conversaba con ellos sonriendo, sin arrogancia, educada pero firme.
Como Jairo estaba parado a su lado, nadie se atrevía a ponerle las cosas difíciles, así que se desenvolvió con soltura.
Después de lidiar con la primera oleada de gente, Isabella siguió a Jairo a un rincón.
—Entonces, ¿tú también sospechas que Adriana no es hija de mi papá, sino que Ivana tuvo una aventura con David y es hija de él? —preguntó Isabella ansiosa.
Jairo frunció el ceño.
—¿Crees que puedo estar seguro?
—¿Eh?
—Solo es una sospecha.
Isabella apretó los labios.
—Pero... ahora que David está muerto, no se puede probar que él e Ivana tuvieron algo.
Jairo soltó una risita seca.
—¿No eres muy lista? ¿No se te ocurre nada?
—No puedo ir a desenterrar a David, ¿o sí?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...