—Es solo una prueba de paternidad, no pasa nada —intervino Ivana, e incluso regañó suavemente a Adriana—. Tu abuelo confía en ti, solo es para callar a Isabella.
Luego miró a Julen.
—Papá, no se preocupe. Ahorita mismo llevo a Adri a hacerse la prueba y en cuanto salgan los resultados se los traigo.
Julen entrecerró los ojos.
—Tú no te metas.
—¿Qué quiere decir con eso? ¿No confía en mí?
—¡Yo personalmente supervisaré esa prueba!
Al oír eso, madre e hija sintieron que el suelo se les movía. Si Julen estaba presente, ¿cómo iban a falsificar los resultados?
—¡Abuelo, es que no confías en mí! —gritó Adriana con los ojos llorosos.
Julen llevaba décadas en el mundo de los negocios; no era ningún estúpido. Al ver que Adriana seguía usando la carta de la «confianza» como escudo, la sospecha se volvió certeza.
—Adri, sabes bien que he puesto mi vida entera en ti. Desde que eras una niña te preparé para ser mi heredera. ¿Alguna vez te he negado algo?
—Si tanto me quieres, ¡entonces por qué me obligas a hacerme esa prueba!
—A menos que tengas cola que te pisen, ¿por qué tienes miedo?
—¡No… no tengo miedo!
—¡Entonces háztela!
—¡No quiero!
La mirada de Julen se volvió filosa como un cuchillo.
—Adriana, te voy a dar una última oportunidad. La prueba de paternidad, ¿te la haces o no?
Adriana apretó los labios.
—¡No me la voy a hacer y punto!


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...