Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 732

—Nosotros somos tres hombres y tú una simple mujer…

—Y aun así les estoy dando una paliza. Si fuera ustedes, me daría vergüenza seguir respirando.

—¡Pinche vieja, no le tienes miedo a la muerte!

—¿Acaso las palabras matan?

El comentario de Isabella fue demasiado insultante. Los tres hombres, rojos de ira, se tronaron los nudillos, decididos a no parar hasta verla tirada en el suelo.

En ese momento, la mujer del vestido rojo se acercó a Isabella y le susurró:

—Traen navajas.

Isabella inclinó la cabeza y echó un vistazo; en la cintura del alto ya asomaba el mango de un cuchillo. Visto así, no eran simples pandilleros.

—Ya llamé a la policía. Ustedes decidan si quieren huir ahora o si prefieren que los muela a golpes antes de que lleguen las patrullas.

El alto miró el celular que Isabella aún tenía en la mano y supuso que había llamado antes de aparecerse. Calculando el tiempo, la policía no tardaría en llegar.

El chaparro no se quería quedar con las ganas y quería seguir peleando, pero el alto lo detuvo.

—Más vale aquí corrió que aquí murió. Vámonos.

—¿Y las vamos a dejar así nada más?

—De todos modos ya sacamos la lana, ¡vámonos rápido!

Los tres cruzaron miradas, le lanzaron una última mirada asesina a Isabella, subieron a la camioneta y arrancaron.

Cuando los perdieron de vista, Isabella y la mujer del vestido rojo suspiraron aliviadas.

—Gracias, me salvaste —dijo la mujer extendiéndole la mano.

Isabella se la estrechó.

—Te conozco. Hoy diste un discurso en el foro. Aunque no entendí nada de lo que dijiste, me pareció que eres muy buena.

—Yo también te reconocí. Aunque tampoco entendí ni papa de tu discurso, te veías muy segura.

—¿Cómo?

—Me dijo que esta noche era un banquete de muy alto nivel y que debía vestirme de etiqueta. Y bueno, terminé así. —Recordar la vergüenza que pasó en el bar la hacía enfurecer.

—¿Tienes problemas con esa secretaria?

—Es nueva, apenas la he visto un par de veces. No sé por qué me dijo eso, ¿tal vez se equivocó?

Isabella negó con la cabeza. Esas cosas no son errores accidentales.

Y además…

—No sé si estoy pensando de más, pero ¿cómo es que esos tres delincuentes aparecieron justo aquí, te bloquearon el paso a ti específicamente, y alcancé a oír que mencionaron algo sobre «dinero»?

Aunque a Helena no se le había ocurrido, con la advertencia de Isabella, ató cabos de inmediato.

—Pero yo no tengo nada contra ella, ¿por qué haría…?

Al llegar a este punto, Helena recordó algo y su rostro se ensombreció.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido