Al no ver a Isabella regresar al hotel, Hernán, intranquilo, condujo hasta el lugar para buscarla.
Al ver a Helena, la reconoció de inmediato. Sin embargo, solo la saludó cortésmente y no dijo nada en ese momento.
No fue hasta que regresaron al hotel que Hernán, visiblemente emocionado, comentó:
—¿Sabe quién es la persona a la que acaba de salvar?
Isabella negó con la cabeza.
—Solo sé que también trabaja en el campo de la inteligencia artificial.
—No es una simple trabajadora, es ingeniera de algoritmos de movimiento. ¡Se podría decir que es una autoridad nacional en la materia! Se ve muy joven, ¿verdad? Es porque es un genio, sumamente brillante. Ha publicado múltiples artículos científicos y las grandes empresas tecnológicas se pelean por ella.
Isabella rara vez veía a Hernán, quien solía ser calmado y serio, tan agitado.
—¿Entonces Tecnología Crespo también intentó contratarla?
—No lo logramos.
—No creo que fuera un problema de salario.
—No, es porque el director general de Tecnología Pionera, donde trabaja ahora, es su esposo.
—Eso lo explica todo.
No iba a dejar su propia empresa para irse a otra. Por esa razón, Hernán solo pudo lamentarse.
—Por cierto, ¿regresamos a Nublario mañana?
Isabella asintió.
—Ya no hay nada pendiente aquí, así que regresemos.
Al día siguiente, Isabella ya tenía sus cosas empacadas. Justo cuando planeaba bajar, Helena la llamó para agradecerle su ayuda de la noche anterior e invitarla a comer.
Isabella solo dudó un segundo antes de aceptar, y acordaron la hora y el lugar.
Cuando llegó Hernán, ella le pidió que se adelantara.
—Aunque no podamos traer a una figura de ese calibre a nuestra empresa, no está de más tener una buena relación con ella.
Le indicó a Hernán que regresara primero a Nublario, mientras ella acudía puntual a la cita.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...