Tras despedir a la casera, Isabella vio que tanto Jairo como Lucas la miraban con furia.
Isabella soltó una risa nerviosa.
—Así es en el pueblo. A la gente le encanta el chisme, y entre más escandaloso, mejor. A veces, para darle sabor al asunto, le agregan de su cosecha.
—¿Por qué no lo aclaraste? —Jairo entrecerró los ojos.
¡Ahora resultaba que él era un marido infiel!
—Aclararlo no tiene impacto, así que no sirve de nada.
—¡Debiste explicárselo a esa abuela! —Lucas también entrecerró los ojos.
—Esa señora... ejem, le encanta indagar. Si le sigo la corriente, va a querer averiguar hasta el último detalle de nuestra vida.
Lo más importante era que la casera era una de las fuentes principales de los rumores. Cualquier cosa que escuchara, seguro la procesaba y, al salir de su boca, se convertía en otra historia completamente distinta.
Dicho esto, Isabella miró a su alrededor.
—¿Y Samuel?
Jairo miró hacia el auto afuera.
—Estaba en el coche hace un momento.
Ahora la puerta estaba abierta y ya no había nadie adentro.
Isabella suspiró resignada.
—Seguro se fue a buscar a su pandilla de amigos.
Jairo se puso a acomodar las cosas que traían, mientras Isabella llevaba a Lucas a la habitación de niños en el segundo piso. Era un cuarto con tonos azules, amplio y luminoso, con un gran balcón desde donde se veía el arroyo y las montañas del frente, así como las flores silvestres de las laderas cercanas.
No solo la vista era buena; el diseño de la habitación estaba muy cuidado. La cama grande miraba hacia el balcón, el escritorio tenía un diseño peculiar y había un librero enorme lleno de libros.
Desde que entró, a Lucas le brillaron los ojos, especialmente al ver el librero y la gran variedad de títulos. Soltó un grito de sorpresa.
—Mamá, este cuarto es...

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...