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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 87

El restaurante no solo tenía una vista espectacular, sino que la comida era deliciosa y el servicio, impecable. Además, le había tocado presenciar un buen drama, así que Isabella se fue de ahí muy satisfecha.

Pero justo al llegar a la entrada, Gabriel la alcanzó.

—¡308!

«¿308?», pensó Isabella, mirándolo confundida.

Él frunció el ceño, tomó aire y añadió:

—Es el número de mi habitación. Ven esta noche.

«¿Me está pidiendo que vaya a su cuarto esta noche?».

«¿Y con ese tono, como si me estuviera haciendo un favor?».

Isabella soltó una risa seca y siguió caminando. Responderle sería un desperdicio de saliva.

—Bella, te amo. Te amo tanto que estoy dispuesto a dejar mi orgullo y mis principios a un lado para perdonar todas las cosas horribles que has hecho estos días.

«¡Vete al diablo!».

Isabella aceleró el paso. De verdad que cuando uno se queda sin palabras, se queda sin palabras.

—Isabella, el proyecto del Grupo Domínguez, como ya viste, está prácticamente cerrado. Y yo siempre cumplo mi palabra. ¿De verdad quieres que me divorcie de ti?

«¡Divórciate de tu abuela!».

—¡Ven a mi cuarto esta noche, y todo volverá a ser como antes! ¡Es la última oportunidad que te doy!

Isabella había llegado a su límite. Se detuvo en seco, apretando los puños con fuerza.

Gabriel, al ver que se detenía, creyó que la tenía controlada. Metió las manos en los bolsillos del pantalón, recuperando parte de su confianza.

—Sé que tú también me amas, que estás perdidamente enamorada de mí. Después de todo, un hombre como yo no se encuentra dos veces. Bella, puedo perdonarte, pero tienes que ir a disculparte con mis padres. No te preocupes, yo te acompañaré.

Si ya no podía aguantar más, entonces no tenía por qué hacerlo.

Isabella se dio la vuelta, caminó rápidamente hacia Gabriel y le soltó un puñetazo directo a la cara.

Él, claramente, no se lo esperaba. El golpe lo hizo tambalearse hacia atrás y casi caer al suelo.

—¡Isabella! —gritó, apretando los dientes—. ¡Prepárate para recibir los papeles del divorcio!

Isabella hizo una mueca.

—¡Ojalá los reciba!

—Señor Ibáñez, qué buen cuerpo tiene. Espalda ancha, cintura estrecha, y esos cuadritos… ¡Mire qué abdomen tan firme! No como mi marido, que ni de chiste tiene cuadritos; parece que tiene varios meses de embarazo.

—Señorita Quintero, si se va a cambiar, yo la espero afuera.

—No, hombre, ¿qué te vas? Todavía tenemos que hablar del negocio.

—Aquí no es un buen lugar.

—Tienes razón, no es muy cómodo. ¿Qué tal si me ayudas a quitarme este traje de baño que estorba?

A Isabella le iba a explotar la cabeza. Se asomó para ver y encontró a la mujer de mediana edad que se hacía pasar por ella acorralando a Gabriel contra un casillero, mientras sus manos recorrían su cuerpo.

Gabriel apretaba los dientes, aguantando, con las venas del cuello a punto de estallar.

—¡Señorita Quintero, ya basta! —exclamó Gabriel, finalmente apartando la mano de la mujer.

La mujer cambió su expresión al instante.

—Este proyecto, ¿todavía lo quieren o no?

***

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