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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 874

—Las personas tienen muchas facetas, simplemente acabas de ver un lado suyo diferente al habitual.

Jairo se acercó a revisar la puertecilla y dijo:

—Mañana mismo levantamos el muro.

Isabella asintió.

—¡Sí, a taparla!

Era su casa y por ningún motivo permitiría que cualquiera entrara y saliera como si nada.

Samuel aún no entendía bien qué pasaba, solo sabía que su papá iba a levantar una pared, así que hizo la pregunta del millón:

—Papá, ¿tú sabes hacer eso?

Jairo tosió para disimular.

—No debe de ser tan difícil.

—Levantar un muro parece fácil, pero la verdad requiere mucha técnica. Primero hay que nivelar el piso, luego sacar la plomada, mezclar bien el cemento con la arena en las proporciones correctas y entonces ya puedes empezar. Pones cemento, acomodas los ladrillos en fila, les pones más cemento encima, y todo el tiempo tienes que ir checando el nivel para que no quede chueco y se termine cayendo por la gravedad.

Lucas había jugado con unos bloques de construcción y esa era la conclusión a la que había llegado.

Jairo asintió.

—Muy buena conclusión, pero no todo en esta vida requiere tanto análisis.

—Si no hay análisis, entonces necesitas experiencia. Papá, ¿tú la tienes?

Jairo puso los ojos en blanco.

—Mejor guarda silencio un ratito.

Llegados a este punto, Isabella tenía que dejar clara su postura. Al día siguiente, mandó traer ladrillos y cemento para tapar esa puerta.

Su idea original era contratar a un albañil, pero Jairo se había pasado la noche viendo videos en el celular sobre cómo construir paredes y, lleno de confianza, se empeñó en hacerlo él mismo.

El primer paso era nivelar el terreno. Como habían tirado la pared a golpes, tanto el suelo como los bordes estaban disparejos y había que arreglarlos poco a poco con una pala y un martillo.

—Tú... estás loca... ¿por qué me quieres ahorcar?

—¡Porque no nos quieren regresar la casa! ¡Dime tú qué más podemos hacer!

—Pero si la casa ya... se la vendimos...

—¡Solo se las rentamos, nunca la vendimos!

Con solo escuchar un par de gritos, los vecinos entendieron todo el rollo.

Todos ahí sabían perfecto cómo se había firmado el contrato, incluso algunos habían sido testigos.

—Señora, eso no está bien —dijo uno de los vecinos—. Esa casa ya se la vendió y hasta la echaron abajo para volver a construirla. Quedó bien bonita y ahora usted sale con que la quiere de vuelta. ¡No hay derecho!

—¡Sí! Nosotros fuimos testigos. ¡Lo que hace no solo es de gente ventajosa, también es un delito!

—¡Exacto! Bien que agarró un buen dineral en su momento. ¡No sea tan descarada!

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