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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 877

Ahí estaba la casera del otro lado, con un martillo en la mano. Al verlos, no mostró ni una gota de arrepentimiento.

—¡Ándenle, síganle levantando la pared! ¡A ver quién se cansa primero, si ustedes de hacerla o yo de tirarla! ¡Hmph!

Isabella se quedó muda; la señora la tenía entre la espada y la pared, sin saber qué hacer.

Samuel asomó la cabecita, ladeándola, y preguntó:

—Señora, ¿por qué rompió nuestra pared?

Al ver a Samuel, la mujer pareció incomodarse un poco.

—¡Ustedes no tienen nada que hacer aquí, deberían largarse a la ciudad, allá es donde pertenecen!

—¡Pero esta también es nuestra casa! ¡Y además yo los voy a extrañar!

La mujer se sintió peor aún. Sin decir nada más, dio media vuelta y se marchó con el martillo en la mano.

Isabella miró a Jairo con expresión de impotencia. Él, por su parte, estaba con la vista fija en la pila de ladrillos tirados, como si analizara un rompecabezas.

—Se cayó súper fácil... ¿Será que no le puse buena cimentación?

—A ver, papá, aguanta, deja lo checo —intervino Lucas, sacando su libreta de notas.

—No cheques nada —lo cortó Jairo, que estaba terco en no escuchar consejos ajenos—. Es obvio que esto requiere técnica. Necesito investigarlo por mi cuenta.

Isabella torció la boca. Bueno, si quería jugarle al ingeniero, que lo hiciera. Al menos eso lo mantenía ocupado y evitaba que le diera vueltas a otras cosas en la cabeza.

En la noche, Isabella fue a darse una vuelta por el cuarto de Samuel. Lucas también estaba ahí. Como la casera los había asustado con su numerito un par de veces en el día, aunque sabían que todo era fingido, los niños andaban ciscados y prefirieron dormir juntos.

Cuando entró, Samuel estaba boca abajo en la cama haciendo una videollamada con Carlota.

En la pantalla de Carlota se veía todo oscuro, pero afinando la vista, Isabella notó que iba en un coche.

—¿Carlota, me extrañaste? —le preguntó Isabella asomándose a la cámara.

A la niña se le iluminó la cara al verla.

—¡Isabella, te extraño muchísimo! ¡Híjole, cómo me gustaría estar allá con ustedes!

Isabella soltó una carcajada.

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