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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 879

Más tarde, Jairo se quedó pensando en por qué Óscar nunca lo había buscado.

Probablemente por miedo a que lo odiara.

Como su madre lo detestaba, le aterraba la idea de que su hermano mayor también lo hiciera. Al ser alguien tan importante para él, no se atrevía a acercarse.

—Los primeros dos años después de su muerte, me la pasaba pensando en el «hubiera»: si me hubiera dado cuenta antes de que no estaba bien emocionalmente, si hubiera platicado con él a tiempo, tal vez no habría tomado ese camino.

Isabella abrazó a Jairo por la cintura.

—Yo también he pensado en eso. Si me hubiera preocupado más por él, si lo hubiera alcanzado ese día, nada de esto habría pasado.

Pero en este mundo el «hubiera» no existe. El hecho era que Óscar había muerto, y de una forma terrible.

—La verdad, hubo un tiempo en el que creí que me estaba volviendo loco. Me obligaba a recordar la imagen del cadáver de Óscar en aquel almacén, una y otra vez, recordando cada detalle. Llegué a pensar que ese cuerpo no era suyo. La forma de la cara no cuadraba, la complexión tampoco... quizás la policía se había equivocado. Estuve pensando en eso muchísimo tiempo, hasta consideré la idea de ir a Valenciora a confirmar todo otra vez. Pero luego caí en cuenta de que al cadáver ya le habían hecho pruebas de ADN, así que sí era Óscar.

—Y luego tuviste que aceptar la realidad.

—Sí, tenía que hacerlo, pero no podía. Hasta que la policía de allá me comentó que Óscar probablemente ya estaba en la mira de alguien desde antes, y que esa persona era el verdadero asesino. En ese momento tuve un objetivo claro: atrapar a ese desgraciado.

Isabella lo abrazó más fuerte. Curiosamente, todo este asunto le había dado a Jairo el impulso necesario para recuperar la cordura.

—Hace un par de días me llamaron de la policía de Nublario. Me dijeron que Pol Carrasco ya confesó todo y que el juicio será pronto.

—Entiendo.

—¿Quieres ir a escuchar la sentencia?

—No. De todos modos, Óscar ya no va a regresar.

Platicaron de muchísimas cosas; todo lo que se habían guardado antes, lo soltaron esa noche. Eso significaba que Jairo por fin estaba empezando a superar la muerte de su hermano, lo cual dejó a Isabella mucho más tranquila.

A la mañana siguiente, los despertó un grito agudo de Samuel.

Venía desde el patio. Se asomaron de inmediato y vieron que en medio del lugar alguien había aventado una rata muerta. No hacía falta adivinar para saber quién había sido.

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