Isabella salió del baño después de asear a Carlota; para entonces Lina ya se había ido, seguro no aguantó los gritos de Martina.
—¡Nadie aprende en cabeza ajena, no es nada fácil enderezar el barco!
—¡Tienes mucha suerte de haber encontrado a alguien que te sacara del hoyo, y esa es tu esposa, Floriana!
—Tú mismo dijiste que querías llevar la fiesta en paz, así que compórtate y pon tu raya con otras mujeres. Conmigo es otra historia.
—No la vayas a regar, si metes la pata, vas a echar todo a perder.
—Tanto que te estoy diciendo... a ver, ¿me estás prestando atención o no?
Víctor dio un largo suspiro.
—De verdad que no tengo nada con ella, ¡no me inventes cosas!
—Ahorita no, pero me tienes que asegurar que después tampoco.
—¡Cállate un rato!
—¡Todo lo que te digo es por tu bien!
—¡Pues cállate de todos modos!
Martina no aguantó las ganas y le acomodó un par de coscorrones más antes de voltear a ver a Carlota.
—Mi niña hermosa, ¿todavía no desayunas? ¿Vamos a comer?
—¡Sí! —Carlota soltó una sonrisa de oreja a oreja—. Que venga Isabella con nosotras.
—¡Perfecto!
Había un restaurante muy bueno cerca del hospital. Apenas se sentaron, Isabella notó que en la mesa de a lado estaba Ignacio Rodríguez; traía el celular en la mano, jugando y bostezando a la vez.
—Ignacio, qué casualidad verte aquí.
Al escuchar su voz, Ignacio levantó la vista y soltó una sonrisilla al ver que era Isabella.
—De veras que sí. Me quedé a cuidar a un paciente toda la noche y salí a comprar desayuno para llevar.
—Yo vine a visitar a alguien.
Ignacio preguntó de inmediato:
—¿Quién se enfermó?
—Víctor.
—¿Y está bien?
—Se lastimó una pierna, en unos días queda listo. ¿Y tú a quién viniste a cuidar?
—A mi primo. No lo conoces en persona, pero me imagino que has escuchado su nombre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...