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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 887

Isabella salió del baño después de asear a Carlota; para entonces Lina ya se había ido, seguro no aguantó los gritos de Martina.

—¡Nadie aprende en cabeza ajena, no es nada fácil enderezar el barco!

—¡Tienes mucha suerte de haber encontrado a alguien que te sacara del hoyo, y esa es tu esposa, Floriana!

—Tú mismo dijiste que querías llevar la fiesta en paz, así que compórtate y pon tu raya con otras mujeres. Conmigo es otra historia.

—No la vayas a regar, si metes la pata, vas a echar todo a perder.

—Tanto que te estoy diciendo... a ver, ¿me estás prestando atención o no?

Víctor dio un largo suspiro.

—De verdad que no tengo nada con ella, ¡no me inventes cosas!

—Ahorita no, pero me tienes que asegurar que después tampoco.

—¡Cállate un rato!

—¡Todo lo que te digo es por tu bien!

—¡Pues cállate de todos modos!

Martina no aguantó las ganas y le acomodó un par de coscorrones más antes de voltear a ver a Carlota.

—Mi niña hermosa, ¿todavía no desayunas? ¿Vamos a comer?

—¡Sí! —Carlota soltó una sonrisa de oreja a oreja—. Que venga Isabella con nosotras.

—¡Perfecto!

Había un restaurante muy bueno cerca del hospital. Apenas se sentaron, Isabella notó que en la mesa de a lado estaba Ignacio Rodríguez; traía el celular en la mano, jugando y bostezando a la vez.

—Ignacio, qué casualidad verte aquí.

Al escuchar su voz, Ignacio levantó la vista y soltó una sonrisilla al ver que era Isabella.

—De veras que sí. Me quedé a cuidar a un paciente toda la noche y salí a comprar desayuno para llevar.

—Yo vine a visitar a alguien.

Ignacio preguntó de inmediato:

—¿Quién se enfermó?

—Víctor.

—¿Y está bien?

—Se lastimó una pierna, en unos días queda listo. ¿Y tú a quién viniste a cuidar?

—A mi primo. No lo conoces en persona, pero me imagino que has escuchado su nombre.

—Martina, ¿estás bien?

Martina movió la cabeza rápidamente.

—No, no es nada.

Aun así, echó una disimulada mirada hacia donde se había ido Ignacio.

Isabella todavía tenía que ir a la oficina, y como Martina estaba libre, quedaron en que ella se quedaría cuidando a Carlota en el hospital.

Terminando de desayunar, Martina sacó a Carlota a jugar un rato y llegaron justo a tiempo para que le pusieran el suero.

Víctor tuvo que conformarse con la comida de la cafetería del hospital, por lo que le dio tremenda regañada a Martina en cuanto la vio.

Pero a Martina le valió; se sentó con Carlota a leer unos cómics sin prestarle atención.

—Marty, hace rato bajé a caminar y me topé con tu ex —le dijo Víctor de repente.

Martina se quedó pasmada un segundo y luego le pegó un grito.

—¡Estás cojo! ¡¿Cómo se te ocurre andar paseándote?!

Víctor tosió un par de veces.

—¡Ese no es el punto! ¡Te digo que vi a Romeo! Parece que se enfermó y está aquí internado.

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