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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 890

—Es bastante obvio. —Romeo señaló el celular que todavía tenía pegado a la oreja—. Estoy en una junta.

Dicho esto, Romeo hizo el ademán de entrar a la habitación del hospital.

—Pues perdón, pero te voy a tener que quitar un ratito más. —Martina se interpuso en su camino—. Te vas a casar con mi hermana y, te guste o no, serás mi cuñado. No quiero que haya este ambiente tenso entre nosotros. Yo sé que a lo mejor me estoy adelantando y tú no quieres saber nada, pero me gustaría que nos lleváramos como personas normales. Tampoco te agobies, no nos vamos a ver muy seguido. Por último... solo te pido que trates bien a mi hermana. Te lo ruego.

Al terminar de hablar, Martina se sintió como una tonta.

¿Para qué le decía todas esas cursilerías? Si ya casi no se iban a ver, ¿qué necesidad había de soltar semejante discurso?

Pero como el daño ya estaba hecho, adoptó una postura altiva, le lanzó una última mirada a Romeo, lo rodeó y se marchó con pasos rápidos.

Apenas salió al pasillo, la puerta de la habitación se cerró de golpe a sus espaldas.

Adentro, Romeo volvió a sentarse en el sofá, escuchando las voces que salían de su teléfono mientras tecleaba en su computadora.

Cuando la junta por fin terminó, quiso organizar sus apuntes, pero se topó con que había escrito una sarta de letras y palabras sin sentido. Había llenado una página entera de puros garabatos sin siquiera darse cuenta.

***

Durante el día, Martina se había quedado en el hospital, y en la noche, Isabella fue a cubrirla en cuanto salió del trabajo.

Víctor y Carlota, muertos de aburrimiento, estaban jugando juegos de mesa en la cama. Víctor le había ganado a la niña todas las veces, y al ver que Carlota estaba a punto de hacer un berrinche y ponerse a llorar, por fin se dejó ganar una partida.

En ese momento, su celular sonó. Contestó y, de inmediato, se levantó de la cama.

—Tú no te vayas todavía, tengo que salir a arreglar un asunto —le dijo Víctor a Isabella mientras se ponía una chamarra para salir.

—Sigues cojo de la pierna, ¿a dónde crees que vas?

—Aquí enfrente nada más. Unos amigos me vinieron a ver.

—Pues diles que suban al cuarto.

—Te metes en lo que no te importa. Ni que fueras mi mujer.

Sin darle tiempo a replicar, Víctor salió del cuarto muy quitado de la pena.

A Isabella no le quedó de otra más que quedarse acompañando a Carlota. Jugaron un rato más hasta que la pequeña cayó rendida. Isabella esperó muchísimo tiempo, pero Víctor seguía sin regresar.

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