Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 891

Después de darse su flor, el par de borrachos se puso a cantar a todo pulmón.

Carlota se despertó por el ruido, se sentó en la cama y se les quedó viendo.

—¿Mi papá está borracho?

Isabella ya estaba hasta la coronilla con la situación. Sin decir una sola palabra, cargó a Carlota en brazos, le avisó a la enfermera que se retiraban y se la llevó a su casa.

A la mañana siguiente, muy temprano, Isabella regresó al hospital con Carlota para que le pusieran su tratamiento. Lina seguía ahí. Justo iba saliendo del baño lavándose la cara, echó un vistazo rápido a Isabella y se fue derechito hacia la cama de Víctor.

Él seguía profundamente dormido, pero Lina le dio un par de palmadas para despertarlo.

—Ya despierta, ahorita viene la enfermera a ponerte el suero.

Víctor, todavía con la cara de dormido, abrió los ojos y se quedó pasmado al verla.

—¿Qué haces aquí?

Lina puso los ojos en blanco.

—Ayer en la noche te traje a rastras, por si no te acuerdas.

Víctor hizo memoria y recordó vagamente que se le habían pasado las copas. Se dio un golpe en la frente.

—Te juro que mi plan era tomarme solo una, pero tus amigos se pasan de intensos.

—Tienen un alma libre, andan metidos en deportes extremos y su personalidad es así de desenfrenada. No se los tomes a mal.

—Para nada, de hecho me cae muy bien salir de fiesta con ellos.

—La gente como nosotros no se clava con nada y le entra a todo. La vida es un suspiro de unas cuantas décadas. En vez de mortificarse por cosas que te ponen de mal humor, mejor mandarlas a volar y buscar siempre la fiesta. Al final, el que se muere feliz, ya ganó.

—Ay, por favor, ¿podemos no hablar de muertos? Que yo sepa, sigo vivito y coleando.

Víctor se levantó a duras penas con la intención de ir a lavarse la cara, y fue hasta ese momento que reparó en la presencia de Isabella.

—Ah, caray. ¿No te has ido?

Isabella lo fulminó con la mirada.

—Si me hubiera ido, ¿quién iba a cuidar a Carlota anoche? ¿Tú, pedazo de borracho?

Víctor giró la cabeza angustiado hacia Carlota y vio que ya tenía conectado el suero, y además lo fulminaba con una miradita de coraje, con los brazos cruzados y haciendo pucheros.

Se deshizo en disculpas de inmediato y se acercó a abrazarla.

—Te prometo que fue la última vez. Tu papá no se vuelve a emborrachar.

—Le voy a acusar con mi mamá.

—¡No, por favor! Perdóname esta vez, ¿sí?

—¡Hmph!

—En cuanto salga de aquí, papá te va a llevar al parque de diversiones. ¿Trato?

—¿Y qué, me vas a callar?

—Te estás metiendo en lo que no te importa.

—Uy, créeme que no me interesa controlarlo a él. A fin de cuentas, ya tiene esposa. Solo le quería pasar el dato: todos los bienes que están a su nombre son patrimonio del matrimonio. Si quiere comprarle un coche a otra mujer, primero tiene que pedirle permiso a su esposa.

Martina hizo una pausa teatral y continuó.

—¿O le preguntas tú? Aunque, ¿qué le dirías? «Oye, nada más te aviso que tu marido me va a regalar un carro».

A Lina se le descompuso el rostro por completo.

—Es evidente que estás malinterpretando la relación que tenemos.

—Da igual si yo la malinterpreto o no; el chiste es que no se confunda su esposa —respondió Martina, y luego giró la cabeza hacia Víctor—. ¿O tú qué opinas?

Víctor se dio cuenta de que la situación ya se estaba pasando de la raya, pero, por puro orgullo de macho, soltó:

—Tampoco exageres, nomás es un cochecito.

—¡Póngase al tiro, Víctor! —lo regañó Martina.

Lina se levantó furiosa y se largó sin siquiera despedirse.

Martina agarró a Víctor de la oreja y lo estuvo regañando por un buen rato, obligándolo a jurar que pondría una sana distancia con Lina. Solo cuando él prometió portarse bien, ella lo soltó.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido