—¡Ya vete! ¡Vete de aquí, te lo suplico!
Elsa agarró a Martina y la arrastró con fuerza escaleras abajo, llevándola hasta la puerta de la calle.
—¡Tú solita te lo buscaste!
Elsa, al ver a Martina con la boca llena de sangre, sintió un poco de lástima e hizo el ademán de ayudarla, pero luego recordó algo y retiró la mano.
Sacó unos billetes de su bolsa y se los metió a la fuerza en el bolsillo de la chamarra a Martina.
—En fin, no vuelvas a venir a la casa. ¡Si tu papá te vuelve a ver, te va a seguir golpeando!
Martina se limpió la sangre con el dorso de la mano y miró a Elsa a los ojos.
—Entonces... no me dejabas volver porque ya sabías que le habían echado el ojo a mi departamento, ¿verdad?
—¡Pero fuiste una tonta por no hacerme caso! —dijo Elsa, dejando salir un suspiro cansado.
—¿Acaso te sientes diferente a ellos? ¿Crees que no eres tan sucia y descarada? Seguro te sientes muy superior porque intentaste salvar a esta estúpida, pero como fui tan tonta que no me dejé ayudar, la única culpable soy yo.
—Yo nunca te llamé para pedirte ni un solo peso —respondió Elsa, frunciendo el ceño.
—¿Pero te gastaste mi dinero, no? ¿Y sabías cómo me lo ganaba antes de gastártelo?
Elsa se quedó sin saber qué contestar.
—Sabías que querían estafarme con lo del departamento y sientes que no fuiste parte de eso. Entonces, dime algo: ¿querías que lograran quitarme la casa o no?
Se hizo un silencio tenso.
—¡Tú querías que me robaran el departamento!
Martina había hecho pedazos la hipocresía de Elsa. Se gastaba su dinero y también quería quedarse con su propiedad, pero la culpa no la dejaba en paz; por eso fingió no estar involucrada y simuló haber intentado ayudarla para poder dormir tranquila.
¿Pero eso era todo lo que podía hacer una madre?
No, ella pudo haber hecho mucho más.
—¡Me arrepiento de haber intentado ayudarte! ¡Mejor hubiera dejado que tu papá te matara a golpes! —bufó Elsa con coraje.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...