Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 899

—¡Ya vete! ¡Vete de aquí, te lo suplico!

Elsa agarró a Martina y la arrastró con fuerza escaleras abajo, llevándola hasta la puerta de la calle.

—¡Tú solita te lo buscaste!

Elsa, al ver a Martina con la boca llena de sangre, sintió un poco de lástima e hizo el ademán de ayudarla, pero luego recordó algo y retiró la mano.

Sacó unos billetes de su bolsa y se los metió a la fuerza en el bolsillo de la chamarra a Martina.

—En fin, no vuelvas a venir a la casa. ¡Si tu papá te vuelve a ver, te va a seguir golpeando!

Martina se limpió la sangre con el dorso de la mano y miró a Elsa a los ojos.

—Entonces... no me dejabas volver porque ya sabías que le habían echado el ojo a mi departamento, ¿verdad?

—¡Pero fuiste una tonta por no hacerme caso! —dijo Elsa, dejando salir un suspiro cansado.

—¿Acaso te sientes diferente a ellos? ¿Crees que no eres tan sucia y descarada? Seguro te sientes muy superior porque intentaste salvar a esta estúpida, pero como fui tan tonta que no me dejé ayudar, la única culpable soy yo.

—Yo nunca te llamé para pedirte ni un solo peso —respondió Elsa, frunciendo el ceño.

—¿Pero te gastaste mi dinero, no? ¿Y sabías cómo me lo ganaba antes de gastártelo?

Elsa se quedó sin saber qué contestar.

—Sabías que querían estafarme con lo del departamento y sientes que no fuiste parte de eso. Entonces, dime algo: ¿querías que lograran quitarme la casa o no?

Se hizo un silencio tenso.

—¡Tú querías que me robaran el departamento!

Martina había hecho pedazos la hipocresía de Elsa. Se gastaba su dinero y también quería quedarse con su propiedad, pero la culpa no la dejaba en paz; por eso fingió no estar involucrada y simuló haber intentado ayudarla para poder dormir tranquila.

¿Pero eso era todo lo que podía hacer una madre?

No, ella pudo haber hecho mucho más.

—¡Me arrepiento de haber intentado ayudarte! ¡Mejor hubiera dejado que tu papá te matara a golpes! —bufó Elsa con coraje.

—Sí, señor.

El chofer asintió y se fue corriendo hacia adentro. Al retirar la mirada, Romeo notó a Martina. Su expresión se ensombreció por una fracción de segundo, pero de inmediato recuperó su frialdad y estaba a punto de subir la ventanilla de nuevo.

Martina se mordió el labio inferior con fuerza y, al instante siguiente, fingió desmayarse y se desplomó en el suelo.

Estuvo tirada ahí un buen rato, tanto que al final de verdad perdió el conocimiento.

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba en la casa que Romeo tenía en el centro de la ciudad.

Ella y Romeo habían vivido juntos una temporada, justamente en ese mismo lugar.

Sin embargo, estaba acostada en la recámara de visitas. Al sentarse en la cama, se dio cuenta de que le habían cambiado la ropa, pero no se iba a ilusionar creyendo que Romeo lo había hecho; la casa tenía empleada doméstica.

—Marty, ¿ya despertaste?

Era Noa, la empleada doméstica que trabajaba para Romeo. Desde que él se mudó allí, Noa se encargaba de atenderlo. Y como también trabajaba en la época en la que vivieron juntos, Martina ya la conocía bastante bien.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido