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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 900

Martina se sintió un poco incómoda al ver a Noa.

—Ayer... te di muchos problemas en la noche, ¿verdad?

—La traes muy hinchada todavía... ¿Quién fue el bárbaro que te pegó tan feo? —preguntó Noa después de acercarse e inclinarse un poco para revisarle la cara.

—Estoy bien —dijo Martina, negando con la cabeza.

—Ayer que el señor Quintero te trajo cargando, se te veía peor. Te puse tantita pomada y por lo menos sirvió para que bajara la inflamación.

—¿Él me trajo cargando?

—Pues sí, ni modo que llegaras volando.

Noa se echó a reír y le tendió la ropa que traía en las manos.

Al revisarla, Martina descubrió que era su propia ropa de antes.

Cuando se mudó de esa casa, salió con tanta prisa que dejó un montón de cosas olvidadas.

—Ándale, levántate. Ya te preparé el desayuno.

—¿Y él?

—¿Preguntas por el señor Quintero?

Martina asintió. La verdad es que no sabía muy bien cómo darle la cara, a pesar de que la noche anterior había tomado una decisión bastante atrevida.

—Se fue a la empresa.

Como Noa ya conocía sus gustos, le preparó algo que a ella le encantaba.

Al terminar de desayunar, le ayudó a recoger la mesa. A decir verdad, ya era hora de irse.

—Oye, ¿crees que pueda esperarlo aquí? Necesito platicar con él —le preguntó a Noa.

—Claro que sí —respondió Noa con una sonrisa amable.

Tras decir eso, dudó un segundo antes de agregar algo más.

—Este... parece que al señor Quintero no le gustó para nada el color de tu cabello. Anoche... anoche estaba tan enojado que me dijo que te lo rapara.

—¿Qué?

Era muy difícil imaginar que una chica pudiera sacrificarse a tal nivel por su familia. Los amaba con todo su corazón, pero la única recompensa que obtuvo fue una traición terrible.

—¿Estás haciendo esto para vengarte de tus papás y tu hermana? —preguntó Floriana.

—Sí.

—¿No es porque ames a Romeo?

—Claro que lo quiero, pero también tengo los pies en la tierra. Él no me ama; no me quiso en su momento, y mucho menos ahora. Pero a fin de cuentas es un hombre y también tiene sus debilidades. Lo único que quiero es echar a perder esa boda.

—Pues más te vale que Víctor no se entere de esto —suspiró Floriana.

—Por nada del mundo dejes que se entere —dijo Martina sintiéndose un poco culpable.

Cuando salió del área de maquillaje, Martina parecía otra persona. Llevaba ropa deportiva, tenía el cabello largo y negro, y lucía un maquillaje tan natural que la hacía ver como una estudiante inocente que jamás había roto un plato en su vida.

A Floriana le tembló el ojo. Volteó a ver al estilista y le soltó:

—Ah, mira... así que este es tu verdadero gusto.

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