—Qué fea —criticó él sin piedad.
La sonrisa de Martina, que ya era forzada, se congeló por completo en su rostro.
—Ya no eres la misma de antes, qué lástima —añadió.
Martina volvió a sonreír, esta vez con amargura.
—¿Extrañas a la que era antes?
Aquella pregunta pareció tocarle un punto sensible a Romeo, quien de inmediato le lanzó una mirada feroz.
—¡Antes eras estúpida, pero ahora lo eres más!
Martina asintió.
—Ya me han insultado así muchas veces, es cierto que soy demasiado estúpida. Pero ¿qué se supone que haga? Quería meterme en tu cama para usarte y vengarme de mis padres y de mi hermana, pero ya no tienes el más mínimo interés en mí.
Dejó escapar otro suspiro.
—Fracasé, así que hasta aquí llegamos.
Se encogió de hombros y se dio la vuelta para marcharse.
Pero, al instante siguiente, Romeo la acorraló contra la puerta.
Su respiración era pesada, presionaba la barbilla contra la frente de ella con fuerza, como si estuviera a punto de abrir la boca y devorarla.
—¿Te rindes tan fácil? —le preguntó.
A Martina se le aceleró el corazón.
—¿Aún tengo una oportunidad?
—Es posible.
—¿Y entonces?
Romeo apretó su cuerpo contra el de ella, como si estuviera desesperado por sentir algo. Bajó la cabeza varias veces con la intención de besarla, pero siempre se apartaba en el último segundo, limitándose a olerla con fuerza.
Deseaba algo con ansias, por lo que sus manos grandes comenzaron a recorrer su figura, pero la cosa no pasó de ahí.
—Romeo, quítame la ropa, ¿sí? Bésame, ¡te lo suplico!
Martina se aferró a los hombros de Romeo e intentó besarlo, pero aunque él parecía estar perdiendo el control, la rechazó.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...