Justo cuando Víctor estaba a punto de darse la vuelta, Floriana soltó un grito repentino.
—¿Dónde está Carlota? ¡No está en el coche!
—¿Cómo crees? Si se acaba de quedar dormida. Yo mismo la subí, estaba en el asiento de atrás...
Víctor se asomó hacia la parte trasera y vio que los asientos estaban completamente vacíos. ¡Carlota no estaba ahí!
Se quedó de una pieza.
—¿Cómo es posible...?
Floriana le dio la vuelta al auto rápidamente, pero tampoco vio a su hija. Para colmo, ya era muy tarde y el lugar era bastante inseguro. Desesperada, se acercó a Víctor y le soltó una patada.
—¡Si le pasa algo a Carlota, tú y yo terminamos para siempre!
A Víctor no le importó la amenaza en lo absoluto. Corrió hacia los tipos con los que había estado bebiendo y les preguntó si la habían visto.
—Tranquilo, Víctor. Seguro la niña se fue a jugar por ahí. Esperemos un rato, a lo mejor regresa sola —le dijo Lina.
—¡Tiene apenas seis años! ¡Cómo se va a ir sola a estas horas de la noche!
Víctor le gritó a Lina, pero al pronunciar aquellas palabras, él mismo se aterró y salió corriendo a preguntarles a los clientes de las otras mesas si la habían visto.
Floriana buscó por los alrededores sin éxito; tenía el corazón en un puño y ni siquiera se atrevía a imaginarse lo peor.
Se encontró con Víctor de vuelta en el puesto, pero él tampoco tenía noticias.
—¿Qué hacemos? ¿A dónde se fue Carlota? ¡No pudo haber ido muy lejos ella sola!
—Yo... ¡Voy a llamar a la policía!
—¡Sí, llámales rápido!
Cuando Floriana le exigió llamar a la policía, Víctor se fijó en la cámara de seguridad que estaba en el techo del puesto y la jaló del brazo.
—¡Vamos a revisar las cámaras primero!
En cuanto el dueño escuchó que una niña estaba perdida, los llevó a la planta alta de inmediato y reprodujo el video de la noche.
—¡Aquí, se abrió la puerta del coche! —señaló Víctor con urgencia.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...