A Víctor se le empezó a calentar la sangre, pero al ver la desesperación de Floriana, se tragó el coraje y decidió acompañarla a la casa de Facundo a pesar de todo.
Para cuando llegaron, ya pasaba de la medianoche.
La empleada doméstica les abrió la puerta y Víctor entró a la fuerza.
—¡Carlota! ¡Carlota! ¿Dónde estás? ¡Sal rápido, papá vino por ti! —gritó hacia la planta alta y baja de la casa.
Facundo bajó de la segunda planta; al ver a Víctor, le dirigió una mirada fría y afilada como un cuchillo.
—Carlota ya está dormida. ¡Si sigues gritando, mandaré a que te echen de aquí ahora mismo!
Al ver a Facundo, Víctor no pudo contenerse más.
—Todavía no arreglo cuentas contigo. Mandaste a vigilar a mi hija, ¿verdad? ¡Y te aprovechaste de mi descuido para robártela! Te crees que soy muy paciente, ¿eh? ¡Baja ahora mismo o te voy a partir la madre!
A medida que hablaba, su ira aumentaba. El solo recuerdo de no ver a Carlota en el auto le había dado el susto de su vida. Como todo era obra de Facundo, no estaba dispuesto a perdonarlo tan fácil.
Facundo lo ignoró olímpicamente, bajó las escaleras y se plantó frente a Floriana.
—Te lo advertí, este tipo no es de fiar, y aun así le dejaste el cuidado de Carlota. Floriana, imagínate que el que se apareció ahí esta noche no hubiera sido yo, sino algún depravado... ¿te haces a la idea de lo que habría pasado?
Floriana frunció el ceño.
—Carlota está en la habitación de arriba, ¿verdad? Me la voy a llevar a casa.
Trató de rodearlo para subir, pero Facundo le cerró el paso.
—¡Te acabo de decir que ya se durmió!
—No me importa, la bajaré en brazos.
—¡Este es su hogar!
—¡Facundo, no tengo ganas de discutir contigo!
—No me has respondido a lo que te pregunté. Si la persona que hubiera aparecido allí esta noche no hubiera sido yo...
—¡Déjate de estupideces! ¡Es obvio que tú planeaste robarte a Carlota! ¡Deja de imaginarte tonterías! Yo nunca le quité el ojo de encima al coche. Si no fuera por ti...
—¡No puedes inventar semejantes cosas nada más porque sí!
—¿Por qué no le echas un vistazo a estas fotos primero?
Facundo le ofreció un fajo de fotografías a Floriana. Al principio ella no pensaba agarrarlas, pero la primera imagen captó su atención de inmediato.
Aparecía Lina sentada en las piernas de Víctor, dándole de comer en la boca con un tenedor, mientras Carlota se asomaba en una de las esquinas jugando con unas piedras en el piso.
Era evidente que aquel nivel de confianza ya no era propio de una simple amistad; se quedó en silencio por unos instantes y al final tomó las fotos en sus manos.
En la segunda foto salían los dos escalando una montaña. Probablemente Lina se había cansado, pues aparecía Víctor llevándola de la mano hacia arriba.
La tercera imagen fue tomada durante una acampada en la montaña. Los dos estaban en la misma hamaca, Lina acurrucada en el pecho de Víctor mientras él la abrazaba íntimamente.
Eran muchísimas fotos de ese tipo; a medida que las miraba una por una, el ceño de Floriana se fruncía cada vez más, hasta que llegó a la última foto, que había sido tomada justo en la entrada del edificio de Víctor.
Seguramente Víctor había bajado para acompañar a Lina, y antes de irse ella se paró de puntillas para darle un beso en la mejilla.
—¡Facundo, siempre creí que nada más mandabas a vigilar a Carlota para mantenerla protegida, y resulta que también me estás espiando a mí! ¡Estás enfermo de la cabeza! Estas fotos no demuestran nada malo, somos amigos, es solo la convivencia normal entre amigos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...