¿Acaso la gente se tragaría un cuento así? E incluso si lo creían, ¿eso borraría todas las injurias contra ella?
Claro que no, al contrario, solo levantaría más sospechas.
[No creo que sea buena idea que responda ahorita, manéjenlo ustedes].
Tras escribir ese mensaje a su equipo, Floriana se levantó y se dirigió a la habitación de invitados.
—¡Te dije que quiero una explicación! —exigió Víctor, agarrándola de la muñeca.
Floriana se zafó bruscamente.
—Estoy cansada, no quiero explicarte nada.
—Te ves a escondidas con Facundo y todavía tienes el descaro de decir que no quieres dar explicaciones? —estalló Víctor.
—Así es, no quiero darte ninguna maldita explicación. Puedes agarrar tus cosas y volver a largarte de la casa, puedes ir a buscar a tu amiguita otra vez, o, ya entrados en gastos, ¿por qué no me sueltas un madrazo a mí también? —respondió Floriana con frialdad.
—¡Floriana!
—¡Piensa lo que se te dé la gana!
Dicho eso, Floriana entró a zancadas a la recámara de invitados.
Le puso seguro a la puerta para que Víctor no la molestara. Repasó mentalmente los meses que habían pasado desde que firmaron el acta de matrimonio. Habían ocurrido demasiadas cosas, y sentía un agotamiento profundo.
En ese instante se arrepintió con el alma de haberse casado con él; de verdad le pesaba muchísimo.
A la mañana siguiente, Víctor fue a dejar a Carlota a la escuela. Ya de regreso, se enteró de que la noche anterior Floriana había sido la burla de todo el internet, y que el relajo todavía no se enfriaba del todo.
Para colmo, los comentarios en las tendencias no eran más que insultos llenos de veneno contra ella. De inmediato abrió sus redes, dispuesto a mentarles la madre a todos, pero entonces recordó el enorme problema que le causó a Floriana la última vez que actuó por impulso.
Justo cuando dudaba sobre qué hacer, entró una llamada de Isabella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...