—¿Acaso no debí interrumpirte? —añadió Floriana con una sonrisa amarga.
—Anoche dormí solo. Por qué ella estaba ahí, la verdad, ni yo lo sé —Víctor intentó excusarse, pero el hecho era que había tomado de más y tenía muchas lagunas mentales.
—¡Pero te juro que no pasó nada entre nosotros!
—Nunca pensé que hubiera pasado algo.
Al escuchar eso, Víctor respiró aliviado.
—Qué bueno que no lo malinterpretaste.
—En cuanto a la salida de la escuela, ya no quise marcarte. No me daba la gana volver a escuchar la voz de Lina; me iba a sentir como una loca desesperada rogándole a su marido.
—Está bien, la cagué yo, te juro que no vuelve a pasar.
Floriana levantó la mano; ya estaba harta de escuchar las mismas excusas.
—Solo te voy a hacer una pregunta. Si te pidiera que cortaras todo contacto con Lina y que, a partir de hoy, pintaras tu raya con las mujeres, al grado de ni siquiera tener "amiguitas", ¿podrías hacerlo?
Víctor arrugó el ceño.
—¡No manches, eso es exagerado!
—Pues sí, así de exagerada soy.
—Te estás metiendo con...
—Me estoy metiendo con tu libertad para elegir a tus amiguitas. Entonces, ¿aceptas o no?
Víctor se quedó callado un momento y luego negó con la cabeza.
—No, no lo acepto. Lo mío con Lina es pura amistad, sin dobles intenciones, y es muy probable que en el futuro vuelva a tener amistades así con otras mujeres. Esa es mi vida y no voy a cambiar de la noche a la mañana nomás porque me lo pides.
Floriana bajó la mirada con una sonrisa de pura resignación. Si Víctor fuera un hombre maduro que entendiera los límites del respeto con otras mujeres, a ella no le importaría quiénes fueran sus amistades. Pero no era el caso. Para él, mientras no acabaran en la cama, todo era "pura amistad"; le valía si la situación estaba llena de coqueteos o se prestaba a malentendidos, a él no le parecía nada grave.
—Por eso te digo, es una diferencia irreconciliable entre los dos.
—Eres tú quien...
—Sí, es mi culpa.
Floriana levantó la cara y miró a Víctor directamente a los ojos.
—Si crees que yo soy la del problema, entonces digamos que es mi culpa. Pero seguir peleando por lo mismo ya no tiene caso, así que... quiero el divorcio.
Al bajar las escaleras, Floriana soltó un largo suspiro.
¿Había actuado de manera impulsiva?
Tal vez, pero ella sabía que Víctor jamás iba a cambiar, y si a regañadientes lo intentaba, terminaría echándoselo en cara, reclamándole que lo había hecho perder su esencia. Así que, ¿para qué seguir alargando la agonía? Si las cosas no daban para más, lo sano era terminar. Si el tiempo y el cariño invertidos se habían ido a la basura, ni modo, tendría que aceptarlo.
***
Martina había ido al bar después de que Víctor le marcara para invitarla a tomar. Era evidente que andaba arrastrando la cobija, pero no soltaba prenda sobre lo que pasaba. No fue hasta que se le pasaron las copas que Martina logró sacarle la verdad: Floriana le había pedido el divorcio.
Al escucharlo, Martina comprendió que la bronca estaba fuerte; y cuando él le contó que todo era por su falta de límites con otras mujeres, de volada se acordó de su propia situación con él.
Martina le marcó a Floriana. Siguiendo la ubicación que le mandó, llegó apurada a un restaurante bastante exclusivo.
Apenas cruzó la puerta, estuvo a punto de llevarse de corbata a una persona.
—¡Oye! ¡Crees que esto es el patio de tu escuela para andar corriendo! —le gritó un hombre.
—Perdone.
Pidió disculpas primero y, al levantar la vista, se dio cuenta de que la persona a la que por poco arrolla era Romeo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...