Él la estaba mirando fijamente, con una mirada pesada y evidente disgusto.
—Está bastante guapa, ¿de qué escuela es?
El que habló fue un hombre a su lado, vestido con un conjunto informal blanco. La recorrió con la mirada mientras soltaba una risita llena de interés.
Martina se miró a sí misma: llevaba un pants deportivo rosa y, como había salido a las prisas, no traía ni una gota de maquillaje. Supuso que debía verse bastante inocente, lo suficiente como para que aquel tipo la confundiera con una estudiante.
—Universidad de Nublario, de primer ingreso en Lenguas Extranjeras, soy Martina —respondió ella.
Esa frase iba dirigida a Romeo. Si el tiempo pudiera retroceder a aquel verano, esa fue exactamente la presentación que usó la primera vez que lo vio.
Aunque claro, a eso le siguió otra pregunta:
—¿Me puedes ayudar a cargar mi maleta hasta los dormitorios?
La mirada de Romeo se movió levemente. En aquel entonces, al escuchar semejante petición, solo pensó que la chica estaba loca. ¿Acaso él era cargador de a gratis? ¿Por qué iba a ayudarle con el equipaje?
Pero al final sí la ayudó, todo porque el profesor le dijo que si llevaba la maleta hasta el edificio, tendría el resto del día libre y ya no tendría que estar de guardia en la entrada.
Hacía un calor infernal ese día, así que le pareció un trato justo.
—Vamos —le dijo.
Agarró la maleta de rueditas y notó que ni siquiera pesaba tanto. De inmediato pensó que esa chava tenía segundas intenciones y que era demasiado dramática.
Pero tras caminar un tramo, se dio cuenta de que ella no lo venía siguiendo. Volteó a ver qué pasaba.
Y ahí estaba esa chica de complexión delgada, levantando una maleta mucho más grande a pulso. Literalmente agarró muchísimo vuelo para poder alzarla, y el enorme bulto quedó aplastándole el hombro como si fuera una montaña.
Se acomodó el peso un par de veces antes de caminar hacia él.
—A esta maleta se le rompieron las llantas, así que la tengo que cargar, pero si la cargo ya no puedo con la otra. Por eso te tuve que pedir el favor.
Romeo apretó los labios con incredulidad.
—¿Eres foránea?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...