—Yo no he dicho que quiera cortar lazos —respondió Martina.
La expresión de Elsa se relajó un poco.
—Entonces hazme caso, devuelve la casa de inmediato, regrésale el dinero a ese hombre y déjale las cosas en claro.
—A lo que me refiero es que ustedes todavía me deben muchísimo dinero, ¿cómo voy a ser tan tonta para cortar relaciones así nada más? Voy a esperar a que me paguen hasta el último peso, y solo entonces cortaré lazos con ustedes. Pero hasta que eso pase, los seguiré reconociendo como mi familia. De hecho, ese hombre ya sabe perfectamente de quién soy hija.
—¡Eres una malagradecida! —Elsa agarró el vaso de agua que tenía enfrente y se lo aventó a Martina en la cara.
Martina se quedó pasmada un segundo, pero de inmediato soltó una carcajada. Ella le había echado agua a Alicia, y ahora su madre se la echaba a ella. Qué justo era todo.
Solo que Alicia sí era su hija, mientras que ella probablemente no significaba nada.
—¡Ya, suficiente! ¡Haciendo este tipo de escándalos, ya ni parecemos familia! —los regañó Rubén, asumiendo su postura de patriarca.
Martina tomó la caja de pañuelos y, mientras se secaba el agua de la cara, se quedó mirando a Rubén. Quería ver hasta dónde pensaba llevar su escenita.
—Martina ya no es una niña. Ella misma debe tomar sus propias decisiones, y nosotros, como sus padres, solo tenemos que confiar en ella.
Elsa frunció el ceño.
—¿No te da vergüenza?
—¿Qué vergüenza va a dar? En estos tiempos, mientras traigas dinero, ¡nada es motivo de vergüenza!
En ese momento, Elsa pareció entender las intenciones de Rubén. Soltó un bufido frío y volteó hacia el otro lado, con una actitud de no querer involucrarse más en el asunto.
—Martina, ese hombre que te... cof, cof... ese hombre con el que andas, tiene mucho dinero, ¿verdad?
Martina soltó una pequeña risa.
—Por supuesto. Si no, ¿cómo crees que me pudo comprar una casa tan cara?
—Vaya, vaya... Definitivamente mi hija mayor es la que tiene más encanto. Alicia, deberías aprender un poquito de tu hermana. Tú y Romeo ya casi se casan, pero ¿qué te ha regalado él? ¡Ya ni hablemos de una mansión, ni siquiera un pinche coche te ha dado!
—¡Papá! ¡¿Cómo puedes comparar a Romeo con un tipo como ese?!
—¿Qué tiene de malo? ¡Cualquier hombre que esté dispuesto a gastar en una mujer es un buen hombre!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...