Víctor le colgó el teléfono hecho una furia. Martina se sintió un poco abrumada por la situación, pero tendría que contentarlo más tarde.
Abrió la aplicación en su celular y se metió a las tendencias. En efecto, ahí estaba el video que había subido. Incluso al buscarlo, se dio cuenta de que ya estaba regado por todo el internet y tenía una cantidad brutal de likes.
Entró a una de las publicaciones y vio que ya rebasaba los diez mil comentarios.
«¿Esta chava es la protagonista de una telenovela trágica o qué? Si esto es la vida real, está muy cañón».
«Vender su cuerpo para mantener a su familia, y todavía le pagan apuñalándola por la espalda. Yo ya me hubiera vuelto loca si me hicieran eso».
«¿Por qué le pusieron censura a las caras? Me muero de ganas por saber si esos ojetes de verdad son seres humanos».
«Internet no perdona, a ver quién me saca la identidad de esta familia, me sobran ganas de ir a escupirles en la cara».
Había muchísimos comentarios del estilo. Aparte de los pocos que la llamaban cobarde, la gran mayoría tachaba a los tres miembros de la familia Palacios de ser peores que animales. Martina estaba sumamente satisfecha con el resultado.
En ese preciso instante, el timbre de la puerta comenzó a sonar de forma insistente. No necesitaba adivinar para saber quién había llegado.
Martina hizo un poco de tiempo a propósito antes de ir a abrir la puerta, lo que sacó a Rubén completamente de sus casillas.
—¡Desgraciada, hoy te juro que te mato!
Apenas se abrió la puerta, Rubén irrumpió con furia, levantando el puño con toda la intención de golpearla.
Pero esta vez, Martina no se iba a dejar pisotear. Justo en el momento en que Rubén alzó el brazo, ella levantó una pequeña pala que había dejado preparada y se la asestó directamente en la cintura.
El golpe que recibió Rubén en un costado fue tan doloroso que el impacto de su puño ni siquiera alcanzó a rozar a Martina.
Soltó varios quejidos roncos por el dolor.
—¡Tú... chamaca insolente! ¡¿Cómo te atreves a levantarle la mano a tu padre?!
Martina levantó una ceja.
—Si para ustedes ser una "buena hija" significa vender mi cuerpo para mantener a toda la familia, dejarme estafar hasta quedarme sin un peso sin quejarme, y además aceptar que me traten como basura y me golpeen sin poder defenderme... entonces prefiero ser la peor hija del mundo.
—¡Bórralo ahorita mismo, borra ese video!
—¡No pienso seguir discutiendo contigo! ¡Graba un video desmintiendo esto o te la vas a ver conmigo!
—¿Y cómo se supone que me la voy a ver contigo?
Rubén apretó los puños.
—¡Te voy a matar a golpes!
—Pero mientras no logres matarme, te juro que le voy a quitar la censura al video para que todo el mundo les vea la cara. ¡Para que sepan cómo el gran Rubén Palacios estafó a su propia hija y la orilló a vender su cuerpo por dinero!
Rubén le sostuvo la mirada a Martina, apretando la mandíbula con tanta fuerza que casi sentía sus propios dientes crujir.
Jamás se imaginó que ella sería capaz de grabarlos en secreto y mucho menos de subirlo a internet. Si volvía a tocarle un pelo, era muy probable que, en efecto, publicara sus rostros sin filtro. Y si eso llegara a pasar...
Rubén ni siquiera se atrevía a pensarlo. Si el mundo entero se enteraba de que él era el hombre del video, el escarnio público al que se vería sometido sería inimaginable.
Su imagen personal quedaría destrozada en un abrir y cerrar de ojos, la reputación de su empresa se iría a pique y, de paso, la gente lo insultaría hasta en la calle cada vez que saliera de su casa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...