Al escuchar eso, la mujer abrió los ojos como platos.
—Yo... ¡yo no soy su novia formal! Él me da dinero y yo me acuesto con él, ¡eso es todo!
Tatiana hizo una mueca. Esa mujer era demasiado interesada; y ella que solo estaba jugando para ver cómo reaccionaba.
—Eh... ¿estás completamente segura de que no son novios?
—¡Por supuesto que estoy segura! ¡Ni loca me metería en una relación seria con un tipo que está hasta el cuello de deudas, no soy estúpida! —Dicho esto, la mujer dio media vuelta y salió corriendo a toda prisa.
—¿Ya no vas a entrar a verlo? —le gritó Tatiana por la espalda.
Al oír eso, la mujer aceleró el paso, temiendo que Tatiana le exigiera pagar la deuda de Ignacio.
Al ver que la chica se había largado de verdad, Tatiana se quedó atónita por unos segundos.
Cuando regresó con las cosas de aseo, encontró a Ignacio hablando por teléfono.
—Si ya estás en el hospital, ¿por qué no entraste?
—¿Puedes repetir eso?
—¿Que quieres terminar?
—¡Já! ¿Me estás diciendo que quieres terminar justo ahora? ¿Esperas que te ruegue? ¡Maldita sea, deberías elegir mejor el momento!
—¡Vete al diablo! ¡Si quieres terminar, terminamos!
Tatiana, que ya tenía un pie adentro de la habitación, se sintió tan culpable que retrocedió lentamente y cerró la puerta en silencio. Mirando la madera de la puerta, por primera vez en su vida sintió que había sido una mala persona.
Nunca se sintió mal cobrando deudas a los golpes o armando peleas en las calles, pero esta vez admitía que había cruzado un límite.
Aunque pensándolo bien, Ignacio debería agradecerle. Esa mujer solo estaba con él por su dinero; si hubiera sido amor de verdad, no habría salido huyendo apenas escuchó la palabra deuda. Ella le había hecho el favor de poner a prueba el amor de su noviecita y echar a una víbora interesada.
—¿Tú? —Isabella frunció el ceño—. Temo que los carroñeros en internet lo usen para atacarte más.
—Soy la única que conoce toda la historia de principio a fin. Ya que las cosas llegaron a este punto, le debo una explicación al público.
Isabella, preocupada, se sentó frente a la computadora junto a Floriana para ayudarla.
En el comunicado, Floriana relató sin filtros los motivos de su divorcio con Facundo, cómo él había saboteado su carrera, cómo había tenido que huir con su hija durante seis años, y cómo, al regresar, las circunstancias los habían obligado a cruzarse de nuevo.
Isabella intentó persuadirla de omitir algunos detalles, argumentando que la gente en internet carecía de empatía para entender ciertos contextos. Pero Floriana fue inflexible. Ya no quería seguir ocultando nada. Estaba exhausta de vivir en las sombras.
Si su carrera como actriz moría ese día, estaba dispuesta a aceptarlo.
Como era de esperarse, el comunicado de Floriana hizo estallar el internet. Las redes sociales se incendiaron y el público se dividió rápidamente en dos bandos. Unos sentían una profunda empatía, concluyendo que Floriana había sido una víctima inocente arrastrada a una pesadilla; otros, en cambio, estaban convencidos de que ella le había sido infiel durante el matrimonio y la culpaban por completo de la muerte de Facundo.
Pero Floriana ya estaba en paz; aceptaría los insultos y los halagos por igual.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...