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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1107

Esa noche fue un infierno para todos.

Ignacio había despertado hacía rato, pero mantenía los ojos cerrados, negándose a abrirlos. Su mente reproducía en bucle la imagen de Facundo cayendo al vacío. Él lo había agarrado, pero la fuerza bruta lo había obligado a soltarlo.

El trauma era demasiado grande; su mente se negaba a aceptarlo.

—¿Me odias por haberte empujado en ese momento?

Al darse cuenta de que su farsa había sido descubierta, Ignacio abrió los ojos y miró con culpabilidad a Tatiana, quien había velado su sueño toda la noche junto a la cama.

—No soy tan ciego ni malagradecido. Si no me hubieras empujado, me habría caído con él.

Tatiana sonrió.

—O sea que te salvé la vida.

—Gracias —dijo Ignacio poniéndose serio.

—¿Y solo me vas a dar las gracias de boca para afuera?

—¿Qué quieres a cambio?

—¿Por qué no te casas conmigo?

Ignacio juntó las palmas en tono de súplica.

—Señorita Gutiérrez, tenga piedad de este pobre diablo.

Tatiana hizo una mueca.

—¿De verdad doy tanto miedo?

—Simplemente... no tengo cabeza para bromas en este momento.

—Entonces págame.

Ignacio parpadeó sorprendido, pero asintió.

—Me parece justo. Ponle la cifra que quieras.

—Cien millones.

—...

Tatiana soltó una carcajada.

—Piénsalo bien, no estoy pidiendo tanto.

Se puso de pie.

—Voy a la farmacia a comprarte cosas para el aseo.

Al salir de la habitación, Tatiana vio acercarse por el pasillo a una chica de cabello largo, vestido blanco y aspecto angelical y recatado.

—¿A quién buscas? —le bloqueó el paso Tatiana.

La chica la miró de arriba abajo con evidente confusión, revisó el número de la puerta y preguntó:

—Eh, ¿Ignacio Rodríguez está en esta habitación?

—¿Qué?

Tatiana obligó a la chica a hacerse a un lado, abrió la puerta apenas una rendija y le gritó a Ignacio:

—¡Oye, esos cien millones, ¿para cuándo me los vas a pagar?!

Ignacio, pensando que seguía bromeando, le respondió desde adentro:

—¡Se lo ruego, tenga piedad de mí! ¡En serio no tengo tanto dinero!

Apenas terminó de hablar, Tatiana cerró la puerta de golpe.

—¿Ya lo escuchaste? No te estaba mintiendo, ¿verdad?

La cara de la mujer perdió el color.

—Pero... ¿por qué su familia no paga sus deudas?

—Él es el segundo hijo. El hermano mayor es quien se queda con toda la herencia y las empresas. Si el hermano se compadece de él, tal vez le ayude, pero si no, lo dejará pudrirse.

—Pero él... él es muy generoso conmigo.

—Ah, ¿quieres decir que te da muchos regalos caros? ¡Já! Tú no eres la única mujer a la que consiente, ¡pero toda la plata que usa para sus caprichos es dinero que me pidió prestado!

—¿Entonces... me estuvo mintiendo?

Tatiana tosió para disimular su diversión.

—A mí no me importa quién engañó a quién. Lo único que me importa es que me debe dinero. Como eres su novia, es tu deber ayudar a pagar la deuda. ¡Aunque sea pon una parte!

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