Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 93

La cena se organizó en aquel restaurante del jardín, el mismo lugar donde Gabriel y Otilia habían celebrado su tercer aniversario de bodas.

Al día siguiente, cuando Isabella salió de su casa, se topó con la familia Ibáñez, que también se disponía a salir.

Se habían tomado la cena muy en serio; todos iban vestidos de gala.

—¡Recoge ya este montón de basura, que no estorbe en la entrada de nuestra casa! —dijo Diana, dándole una patada a un libro.

Isabella esbozó una sonrisa. «La misma persona que tiró mis cosas al suelo me las va a recoger, y no solo eso, las va a dejar como nuevas. Y si algo está sucio, ¡hasta con la lengua me lo va a limpiar!».

—Bella, vestida así, ¿no irás a la cena también? —preguntó Otilia con recelo.

—¡Uy, si no lo dices, ni me doy cuenta! ¡Mírala, con vestido de noche y maquillaje! Seguro que va a buscar a quién engatusar —dijo Diana con desprecio.

—Ya basta, no perdamos el tiempo con ella —intervino Raúl.

Diana le lanzó una última mirada a Isabella antes de subirse al carro con Otilia.

Gabriel fue el último en subir. Miró a Isabella fijamente varias veces, probablemente esperando una disculpa que nunca llegó, lo que lo enfureció aún más.

Isabella los dejó irse primero y luego se subió a su propio carro.

—Señor, con calma, no tenemos prisa.

***

Los Ibáñez llegaron primero al restaurante. Esperaron un buen rato, pero la anfitriona no aparecía.

—He oído que esta nueva encargada es todo un misterio. La gente del departamento de proyectos del Grupo Domínguez solo ha hablado con ella por teléfono, casi nadie la ha visto en persona —comentó Raúl.

—Claro, y precisamente porque nadie la ha visto, nosotros fuimos…

Otilia estaba a punto de decir «estafados», pero una mirada fulminante de Gabriel la hizo callar.

—Sin embargo, visitó la oficina de Emilio. Alguien le tomó una foto a escondidas y le pedí a un contacto que me la consiguiera —dijo Raúl, abriendo una conversación en su celular para ver si ya se la habían enviado.

[La tengo.]

—Pues mándamela ya.

[?]

—¿Por qué me mandas un signo de interrogación?

[No sé si estoy viendo bien.]

—¿Qué quieres decir?

Raúl bajó el celular. Emilio era más joven, así que no sintió la necesidad de levantarse; simplemente le sonrió y asintió.

—Señor López, ¿y la señorita Quintero? ¿Por qué no ha llegado?

Emilio sonrió y se hizo a un lado, mirando hacia la escalera.

Una mujer con un vestido de noche rojo granada, el cabello recogido con elegancia y un maquillaje sutil que realzaba su belleza, subió lentamente los escalones. Se detuvo frente a los Ibáñez y sonrió.

Justo en ese instante, el celular de Raúl sonó. Bajó la vista y vio la foto que le había enviado su amigo. Era, sin duda alguna… era Isabella.

[Que Dios los ampare.]

Su amigo añadió una última frase a modo de burla.

—¡¿Cómo que eres tú?!

El grito fue de Diana, pero expresaba el sentir de toda la familia Ibáñez. ¡Cómo podía ser ella!

—¡Isabella, no bromees con estas cosas! —dijo Gabriel, negándose a creerlo.

—¡Sí, Bella, cómo te atreves a hacerte pasar por la encargada del proyecto del Grupo Domínguez! ¡Es ridículo! —exclamó Otilia, igualmente incrédula.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido