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La Otra Familia en Sus Publicaciones romance Capítulo 107

Valentina, después de que su hermano la regañó, se ocultó detrás de sus padres sin atreverse a asomar la cabeza.

Andrés, al borde de perder el control, explotó en ese instante:

—¿Ahora resulta que una rica venida a menos se cree con derecho a todo? Si quiere divorciarse, pues que lo haga, ¡que se vaya!

Raúl, con el rostro serio y una sombra en los ojos, lo cortó de inmediato:

—Papá, yo no me voy a divorciar.

Elisa intervino con voz aguda, tomando el hilo de la discusión:

—¿Y por qué no? ¿Vas a esperar a que Noelia te demande por divorcio y todo el pueblo se entere del escándalo?

Raúl, cansado, se llevó la mano a la frente y arrugó el ceño:

—¿Por qué todos ustedes quieren que me divorcie de Noelia?

Ricardo, quien había permanecido en silencio, por fin se decidió a hablar. Su tono dejaba claro que su palabra era ley en la familia:

—Raúl, eres el único heredero de los Olmedo. Cada paso que das no solo te afecta a ti, también marca el destino de la familia Olmedo y de Grupo Olmedo. Ya llegados a este punto, tienes que pensar en el bien de todos.

Habló con voz firme, casi como una orden:

—Antes de que el escándalo de una infidelidad salga a la luz, mejor divorciate cuanto antes. Encárgate de esa mujer y del niño, dales algo para que no molesten más.

Raúl se mantuvo erguido, con el cuerpo tenso como si estuviera a punto de romperse:

—Mis problemas los resuelvo yo. No quiero que ninguno de ustedes se meta.

Sin esperar respuesta, Raúl dio media vuelta y se marchó, dejando un silencio tenso en la sala.

Ricardo, con esos ojos de zorro que no perdonaban errores, soltó una advertencia helada:

—Una mala esposa arruina hasta tres generaciones. Esa mujer Gómez no tiene absolutamente nada que valga la pena, no es digna de esta familia. Aunque Raúl se divorcie de Noelia, ¡esa mujer y su hijo jamás pondrán un pie en la casa Olmedo!

Andrés se apresuró a secundar a su papá:

—Así es, papá.

Elisa se levantó con una sonrisa calculadora:

—Papá, ya sé exactamente qué hacer.

...

A la hora de la comida, Elisa fue hasta el departamento donde vivía Elvira y llamó a la puerta.

Elvira se puso nerviosa al ver a Elisa y a los guardaespaldas detrás de ella. Se apartó rápido del camino:

—Señora, ¿qué la trae por aquí?

Elisa la corrigió, con aire de superioridad:

—Señorita Elvira, ya se lo dije antes: ese niño no es reconocido por la familia Olmedo.

Elvira, sin perder la compostura, puso al niño detrás de ella y habló con voz suave pero firme:

—Sra. Elisa, lo acepte o no, Iker es su nieto. Yo me encargaré de educarlo bien, y cuando crezca, le aseguro que sabrá cómo corresponderle.

Por un instante, los ojos de Elisa reflejaron una sombra amenazante:

—Pues recen para que por lo menos llegue a ser adulto.

Elvira, sorprendida por la crueldad de las palabras, levantó la vista y se topó directamente con la mirada de Elisa. Un escalofrío le recorrió la espalda.

Elisa se inclinó y tomó de la mesa un vaso con dibujos de caricatura:

—Dígame, señorita Elvira, ¿este vaso lleva el apellido Olmedo o el Gómez?

Elvira, con la mirada evasiva, apenas pudo responder, tartamudeando:

—Sra. Elisa, ese vaso lo compró Raúl para nuestro hijo…

No alcanzó a terminar la frase. Elisa soltó el vaso.

—¡Crash!—

El vidrio se estrelló en el piso, haciéndose pedazos.

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