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La Otra Familia en Sus Publicaciones romance Capítulo 110

Raúl tenía una expresión difícil de descifrar.

—Si no te quieres ir, está bien. Pero tengo que explicarle a mi esposa quién es Iker. No puedo permitir que siga pensando mal de nosotros.

Elvira retrocedió, tambaleándose, como si el suelo se le moviera bajo los pies.

Con lágrimas corriéndole por las mejillas, le reclamó a Raúl:

—¿Y qué vas a hacer después de decirle a tu esposa que Iker no es hijo tuyo ni mío? ¿Qué sigue?

Elvira alzó la voz, visiblemente alterada:

—¿Luego tu esposa va y le cuenta a todo el mundo? ¿Que yo, Elvira, hace seis años quise casarme con alguien rico, fracasé, me obligaron a irme del país, sufrí violencia durante seis años, me violaron y tuve un hijo? ¿Que mi esposo murió y regresé con el niño, sin un ápice de vergüenza, a buscarte para que te hagas cargo de nosotros?

Elvira siguió, la voz rota por el llanto:

—¿Después tu familia, al enterarse de que el niño no es tuyo, va a hacer lo mismo que hace seis años? ¿Van a “deshacerse” de mí y de mi hijo otra vez?

—¡Si va a ser así, mejor que me maten de una vez!

No le dio oportunidad a Raúl de responder. Corrió fuera de la sala, llorando, con el corazón hecho pedazos.

Había luchado seis años para volver a estar cerca de Raúl. Por nada del mundo pensaba rendirse ni marcharse.

...

Esa misma noche, en el nuevo departamento de Raúl.

Un piso amplio y lujoso en Residencias Zafiro, la zona más exclusiva de la ciudad.

Raúl vivía en el noveno piso. Uriel, en el trece.

Uriel se paseó por todos los rincones, evaluando el lugar con ojo crítico.

—Aunque hayas decorado este departamento como si fuera tu casa con Noelia, aunque hayas colgado el vestido de boda, Noelia no se va a emocionar —comentó, con una sonrisa sarcástica.

Raúl ignoró el comentario y siguió acomodando, uno a uno, los artículos de baño para dos personas que acababa de comprar.

Uriel, recargado en el marco de la puerta, insistió:

—Raúl, no existe mujer que aguante que su esposo tenga en casa al hijo de su ex, y todavía lo críe. Si quieres arreglar las cosas con Noelia, tienes que aclarar todo ya.

Como Raúl no respondía, Uriel lo miró de reojo y lanzó otra pregunta:

—¿A poco con que Elvira llore tantito, ya te ablandaste?

Uriel soltó un suspiro, exasperado.

—¿Y Noelia qué? ¿Ella tiene que aguantar todo esto nada más porque sí?

El nombre de Noelia lo sacudió. Raúl se quedó en silencio, mirando el vacío.

Pasaron varios segundos antes de que respondiera:

—Noelia siempre ha tenido todo fácil, nunca le ha faltado nada. Desde que se casó conmigo, jamás la hice pasar por un mal rato ni le permití sufrir. Me esforcé por tratarla bien, por cuidarla.

Raúl suspiró, derrotado.

—Pero Elvira es diferente. Viene de una familia común y corriente, siempre fue muy madura para su edad. Todo lo hizo por mí, incluso arriesgó su propia felicidad. No puedo simplemente darles la espalda.

En ese momento, el celular de Raúl vibró sobre el lavabo.

Echó un vistazo al número desconocido y sin dudar, colgó la llamada.

Al instante, el teléfono de Uriel empezó a sonar.

Ambos se miraron. Uriel contestó.

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