Siendo así, Erika decidió no darle más vueltas.
Cristina añadió:
—Tú descansa un rato. Esta casa es un estudio privado de Grupo Ramírez, tienen escenarios de todo lo que te puedas imaginar. Voy a darme una vuelta por la alberca a ver cómo van montando todo.
Dicho esto, Cristina salió corriendo a toda velocidad.
Regresó enseguida:
—¡Erika, ya está todo listo! Le voy a decir a los demás del staff que se lleven los chunches que faltan. Luego nada más acomodo la sombrilla y las sillas en el área de descanso, y empezamos a fotografiar.
Tras el reporte, Cristina se echó a correr hacia donde estaba agrupado el equipo.
—Cristina, ¡vete más despacio! Vamos súper bien de tiempo... —le gritó Erika.
—¡Va que va, Erika!
Respondió la chica de muy buen humor sin dejar de correr ni esperar a que su jefa terminara la frase.
Cuando llevaban poco más de una hora con la sesión en la alberca, era evidente que una de las modelos ya había perdido la paciencia.
Salió del agua con expresión furiosa y cara de berrinche.
Tan enojada estaba, que aventó al suelo la toalla que su asistente le acercó corriendo.
La mujer de un metro setenta y cinco se acercó a Erika caminando con arrogancia, con ese contoneo característico de las pasarelas.
—¿Se supone que eres una fotógrafa famosa o qué? En la vida te había visto, ni siquiera había escuchado tu nombre. ¿Acaso sabes hacer tomas en movimiento? ¿Sabes cuánta agua he tragado por tu culpa? Te la pasas diciendo "otra vez, otra vez". ¡Pues métete tú al agua a ver si tan fácil!
Con los brazos cruzados, la modelo le clavó una mirada provocadora y no dejó de echarle pleito con un tono irritante.


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