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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 110

En cuanto Cristina terminó de leer el documento, una ligera sonrisa de elegancia se dibujó en los labios de Erika mientras miraba de reojo a la modelo.

Sus palabras sonaron firmes:

—Señorita, ¿lo escuchó bien? Si quiere seguir participando en esta campaña, haga el favor de cooperar con nosotros. De lo contrario, le pediré a mi asistente que la acompañe a hacer los trámites correspondientes. Le pido de favor que no venga a hacer berrinches aquí, que nos está quitando tiempo a todos.

Erika apenas terminaba de hablar cuando se acercó corriendo otra de las modelos.

Se metió entre Erika y la conflictiva para tratar de calmar las aguas:

—Lucía, ya bájale. ¿Acaso no es así siempre en estas producciones? Con todas las campañas que hemos hecho, las repeticiones son cosa de todos los días. Ofrécele una disculpa a Erika y dejemos el tema por la paz.

—¿Disculparme yo? ¿De dónde sacaron ese contrato falso para tratar de asustarme? A mí me contrató directamente Grupo Ramírez. ¡Quiero ver quién es el valiente que se atreve a correrme!

Lucía alzó aún más la voz. Sus gritos retumbaban en el exterior como si fueran cañonazos.

La modelo que estaba en medio intentó mediar de nuevo:

—Lucía...

—¡A ti qué te importa! ¡Hazte para allá!

Lucía fulminó a la otra chica con la mirada y en seguida le metió un empujón.

Debido a la fuerza del golpe, la modelo perdió el equilibrio y se fue de espaldas.

A escasos centímetros se encontraba Erika, justo en la trayectoria para que cayera sobre ella.

En cuestión de segundos, Cristina tiró de Erika para quitarla del medio. Sin embargo, al hacerse a un lado a trompicones, el brazo de Erika golpeó de lleno la cámara que estaba sobre el tripié.

¡Splash!

Todo el equipo fotográfico, junto con el soporte, se fue abajo de un solo golpe, cayendo directo al agua.

Levantó un gran salpicón y en un abrir y cerrar de ojos, las cámaras desaparecieron en el fondo de la alberca.

El ruido ahogó los gritos de asombro de todo el mundo; los presentes se acercaron a toda velocidad a la alberca entre exclamaciones de horror.

—A ver, a ver, todos vimos lo que pasó. El que lo tiró al agua es el que lo paga.

Lejos de sentir remordimiento, la arrogancia de Lucía se mantenía intacta. Estaba disfrutando del teatro con una sonrisilla maliciosa, feliz con el dolor ajeno.

Cristina soltó enseguida el brazo de Erika, se lanzó contra Lucía, la agarró con fuerza de la muñeca y le gritó en la cara:

—¡Fuiste tú! ¡Todos vieron clarito! Fuiste tú la que empujó a la gente, y por tu culpa las cosas se cayeron al agua. ¡Ni se te ocurra echarte para atrás!

Lucía se zafó de ella con una mirada feroz y contestó con altanería:

—Yo habré empujado a alguien, pero todos vimos perfectamente a quién empujé. ¿Acaso fue a Erika? ¿Le puse una mano encima a ella?

Ese argumento dejó a Cristina con un nudo en la garganta y sin saber qué responder.

Se acababa de acordar de que a la que había empujado Lucía en realidad era a la tal Julia.

Fue precisamente porque tuvo miedo de que Julia le cayera encima a Erika que jaló a su jefa, lo cual ocasionó que el brazo de Erika se fuera directo contra el soporte.

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