—Pero... todo esto pasó porque Lucía metió las manos —Cristina estaba a punto de llorar de la desesperación. Pisó fuerte el suelo y reclamó—: ¡El problema empezó por ti, así que no puedes zafarte de la responsabilidad!
Lucía bajó la mirada, viendo a Cristina con desprecio, y respondió:
—¿Responsabilidad? Una niñita como tú no entiende ni madres. Ya veremos si Grupo Ramírez se va contra ustedes o contra mí. ¡Hmph!
—¡Tú...! —Cristina se quedó sin aire del coraje y tuvo que regresar resentida al lado de Erika.
La arrogancia de Lucía creció. Volvió a cruzarse de brazos y miró a Erika y a Cristina con aires de ganadora.
En ese momento, los curiosos que miraban la escena empezaron a irse, temiendo que el problema les salpicara. Al ver esto, Julia también salió corriendo.
Lucía, sin ninguna prisa, caminó hasta Erika y le dijo con una sonrisa:
—Te advierto una cosa. Aunque no lo hayas hecho a propósito, no te vas a salvar de la responsabilidad civil. O sea, vas a tener que pagar todo este equipo. Y en cuanto al precio, te lo digo de una vez: es exactamente lo que ellas mencionaron hace rato. A ver si sigues tan altanera. Jajajaja...
Dicho eso, Lucía le lanzó una mirada llena de desprecio a Erika y abandonó la zona de la alberca entre risas escandalosas.
Cristina miró con lástima a Erika, que parecía a punto de desmayarse, y se apresuró a sostenerla.
—Erika, ¿estás bien? Ven, siéntate aquí primero. No te angusties tanto, fue un accidente. Lo platicaremos con el jefe y buscaremos la forma de hablar con Grupo Ramírez.
Apoyada en Cristina, Erika caminó con la mirada apagada.
Apenas se sentó, Cristina preguntó con ansiedad:
—Erika, ¿ese equipo en serio es tan caro como dicen o están exagerando?

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