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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 112

¿Qué iba a hacer?

Erika le daba vueltas al asunto, cada vez más angustiada. Y eso sin contar que ella no quería tocar el dinero de sus amigos; aun si Martina y Adrián le dieran todos sus ahorros, ni de chiste juntarían los más de diez millones de pesos.

Mientras Erika estaba perdida en su tristeza y a punto de llorar, Cristina ya había llamado a un montón de gente para sacar el equipo de la alberca.

Seguramente alguien corrió con el chisme, porque Luciano llegó a toda prisa.

Él no se veía mucho mejor que Erika; de hecho, estaba pálido del susto. Al verla sentada y con la mirada perdida, caminó rápido hacia ella.

—Erika, primero que nada, no te alteres, tu salud es lo más importante. Voy a checar con unos amigos del medio para ver las especificaciones de este equipo. Si es contra el agua, no debería haber tanto problema.

El intento de Luciano por calmarla solo la hizo sentir peor.

¡Se sentía una inútil!

En ese momento, cuando la modelo se quejó, debió haber llamado al representante para que lo arreglara, en lugar de enfrentarse directamente con ella. Desde que decidió tener a sus bebés, se había prometido a sí misma evitar cualquier problema. Por eso se aguantaba todo. ¡Pero hoy... no pudo contenerse y terminó peleando de frente!

Si el equipo no hubiera sufrido daños, ¿qué habría pasado si la que caía al agua era ella? El resultado iba a ser malo de todas formas. En fin, volvió a pensar que aguantarse siempre era la mejor forma de llevar la fiesta en paz.

Al ver que Erika no respondía y seguía con la mirada en blanco, Luciano le dijo unas cuantas palabras más de consuelo antes de irse apresurado a resolver lo del equipo.

Cuando el jefe se fue, Cristina se acercó en silencio a Erika y se quedó de pie a su lado. Unas lágrimas enormes empezaron a rodarle por las mejillas.

No pudo evitar sollozar:

—Erika, perdóname... Hace rato, cuando esa tal Lucía empujó a Julia, debí empujarlas a las dos con todas mis fuerzas, en vez de jalarte para esquivarlas. Erika...

Al decir esto, Cristina rompió a llorar, aterrorizada.

—Ay...

Justo cuando estaban platicando, a lo lejos se escuchó el rítmico sonido de unos tacones altos. Acto seguido, una voz femenina muy conocida llegó hasta ellas.

—Me enteré de que acaba de pasar una tragedia por aquí.

Erika levantó un poco la cara y miró de reojo al escucharla.

Era Lorena. Llevaba unos tacones de aguja y un vestido de diseñador, con un maquillaje impecable. Caminaba hacia ella con aires de grandeza, seguida por dos hombres con expresión seria.

El proyecto era de Grupo Ramírez y se estaba haciendo en su propio estudio fotográfico. Este no era un lugar que tuviera algo que ver con Lorena. Que apareciera justo ahora no auguraba nada bueno.

Erika apartó la mirada y se obligó a mantener la calma.

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