Después de escuchar a Lorena, los dos oficiales de civil se pararon a ambos lados de Erika y hablaron con tono estrictamente profesional:
—Usted es la señorita Milán, ¿verdad? Recibimos una denuncia de que está involucrada en la filtración de secretos industriales. Por favor, acompáñenos a la delegación para rendir su declaración sobre el asunto. Le pedimos que coopere.
En cuanto terminaron de hablar, ambos le hicieron un gesto con la mano, indicándole el camino.
—No, no se me pueden llevar así. Yo no he hecho nada malo, alguien se inventó todo esto, las cosas no pasaron así.
Erika por fin encontró la voz y empezó a explicar todo de forma apresurada y con mucho pánico. Su angustia iba en aumento, pero como se sentía tan débil, no hizo el intento de levantarse.
A su lado, Lorena resopló con fuerza y luego se burló con cinismo:
—¿Ah, sí? ¿Vas a negarlo? Si usaras un poco la cabeza, te darías cuenta de que los oficiales no estarían aquí si yo no tuviera pruebas. Si tanto quieres pruebas, que sepas que ya se las entregué a ellos.
Lorena hizo una pausa. Al ver el rostro pálido de Erika, se sintió todavía más poderosa y continuó con su tono venenoso:
—Después de haber sido la esposa de Valerio durante dos años, sería muy feo esposarte y sacarte a rastras. Digamos que te estoy guardando un poco de consideración por respeto a mi Vale. Ahora bien, te voy a dar motivos para que acompañes a los oficiales sin poner tanta resistencia.
Al terminar de hablar, Lorena dio un par de palmadas hacia una zona cercana.
Poco después, de una parte escondida junto a la alberca, salió otra mujer.
Erika se quedó mirándola fijamente. Y al reconocerla, su asombro no hizo más que crecer.
¡La mujer que se acercaba era Vanesa!
Mientras caminaba hacia ellas, Vanesa soltó un comentario lleno de burla:
—Erika, Erika... ¿No te quieres ir con los oficiales porque crees que esa grabación no demuestra nada?
Erika frunció el ceño. Observó cómo Vanesa llegaba al lado de Lorena y se detenía.

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