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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 171

Ireneo vio que Erika no decía nada, fulminó a Valerio con la mirada y le exigió pausadamente:

—Dime, ¿por qué se divorciaron?

Al escuchar esa pregunta, Erika se quedó paralizada y hasta Valerio frunció el ceño con extrañeza. Él se apresuró a desmentirlo:

—Abuelo, no nos hemos divorciado. No sé quién te metió esa idea en la cabeza.

Ireneo endureció el rostro:

—¡Hmpf! Mocoso, a ti no te importa cómo me enteré. Solo respóndeme por qué se divorciaron.

Mientras hablaba, Ireneo miró el vientre de Erika y añadió:

—Además, Erika ya lleva en su vientre la sangre de la familia Ramírez. ¿Qué pretendes hacer?

Erika miró a Ireneo atónita. «¿Cómo es posible que ya sepa todo?», pensó. Los únicos que sabían del embarazo ahí eran ella y Valerio, además de Diego. Pero Diego era un subordinado que siempre seguía las instrucciones de Valerio; sin su permiso explícito, él jamás abriría la boca.

Con el corazón latiéndole de la angustia, Erika le echó un vistazo a Valerio. Él también parecía desconcertado. Se paseó despacio frente a la mesa de centro y, después de un buen rato, al fin respondió:

—Abuelo, no tengo la menor idea de dónde sacaste esa información. Pero Erika y yo no nos hemos divorciado, solo tuvimos una pequeña discusión de pareja. ¿No ves que ya la traje a la casa? Hasta le contraté a una cuidadora especial para que la atienda durante el embarazo.

Ireneo examinó a Valerio un segundo con evidente sospecha y luego volteó hacia Erika, cambiando a un tono muy amable:

—Erika, sé buena. Antes de entrar, le pedí a las muchachas de servicio que te prepararan un postre. Ve a comer al comedor mientras platico a solas con este muchacho.

Erika levantó la cabeza poco a poco, lo dudó un instante y por fin se levantó del sofá. Apenas dio dos pasos cuando Valerio se acercó rápidamente para sostenerla del brazo.

—Te acompaño abajo —ofreció con suavidad.

Erika no lo rechazó. Asintió hacia Ireneo a modo de despedida y salió del despacho junto a Valerio.

Erika le sostuvo la mirada con puro hielo y le reclamó en voz baja:

—Y por favor, explícame, ¿qué diablos gano yo contándole las cosas al abuelo?

Valerio no dejó de mirarla fijamente:

—¿Acaso no quieres usar a mi abuelo de escudo para zafarte de la prueba de paternidad? Erika...

Aunque Erika creía que ya la habían lastimado hasta donde se podía aguantar y que nada más la heriría, al escuchar que la culpaba tan descaradamente, sintió que el coraje le hervía la sangre.

Respiró profundo para estabilizarse y dijo en tono muy frío:

—Señor Ramírez, ahórrese toda esa paranoia ridícula conmigo. O si no, como me acabe de hartar, capaz que decido mandarlo todo a volar ahorita mismo o mejor le pido al abuelo que me saque de esta casa.

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