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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 175

Apenas terminó de hablar, escuchó unos pasos firmes acercándose.

Titubeó un instante, pero en seguida retomó lo que estaba haciendo, fingiendo que seguía acomodando la ropa.

Sin voltear, supo que él ya se había plantado a sus espaldas, a escasos centímetros de distancia.

Su inconfundible fragancia y el roce de su respiración tranquila la delataban.

Tras unos instantes, escuchó un susurro junto a su oído:

—Erika, que estés tan deprimida le hace mal a tu cuerpo.

Al terminar la frase, las cálidas manos de Valerio se posaron sobre sus hombros.

La giró despacio hacia él.

—Erika... —murmuró su nombre.

Ella parpadeó sorprendida, levantó la mirada para encararlo y, de pronto, esbozó una sonrisa cargada de cinismo:

—¿Ah, sí? En cuanto me den los resultados y me largue de aquí, se me quitará la depresión.

Al decir esto, su sonrisa se hizo aún más pronunciada.

Valerio se le quedó viendo y frunció el ceño.

Esa extraña expresión parecía causarle cierto rechazo.

Soltó los hombros de Erika de inmediato.

Su mirada se oscureció, teñida por un brillo gélido y hostil.

La analizó de pies a cabeza, incapaz de entender a la mujer que tenía enfrente.

Erika notó su cambio de actitud y volvió a sonreír para sí misma, como si hubiera previsto exactamente esa reacción.

Le lanzó una mirada despectiva y se dio media vuelta sin dudarlo para dirigirse al balcón.

Sin embargo, justo cuando llegó a la puerta de cristal, Valerio le soltó una pregunta como un latigazo de hielo:

Apenas terminó la frase, Valerio acortó la distancia de dos zancadas.

La frialdad de sus ojos había sido devorada por una furia ardiente; ahora tenía la mirada inyectada en sangre.

Erika pasó saliva por instinto.

Sabía muy bien que esa era la cara que ponía cuando estaba al borde de la ira absoluta.

De pronto, una tensión asfixiante se abalanzó sobre ella, robándole el aire.

Aun así, sostuvo la mirada como si no le tuviera miedo, con una chispa de rebeldía en los ojos.

Valerio empezó a respirar de forma agitada.

Su pecho subía y bajaba con cada bocanada, como si luchara por reprimir su furia.

Al verlo en ese estado, la aparente calma que Erika había forzado estaba a punto de desmoronarse por los nervios.

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