—¡Ayuda! ¡Diego!
Valerio gritaba mientras caminaba a paso acelerado por el pasillo.
Pronto, todos los médicos y enfermeras salieron corriendo de una de las habitaciones.
Valerio ordenó con frialdad:
—Está sangrando. Sálvenla, asegúrense de que esté bien.
—¡Rápido, al quirófano!
En la visión cada vez más borrosa de Erika, solo se veían batas blancas yendo de un lado a otro.
Apenas abrió los labios y alcanzó a susurrar:
—Mis bebés... mis bebés...
***
En el pasillo.
Diego le informó con respeto:
—Señor Ramírez, antes de irse, su abuelo comentó que alguien dejó una carta anónima en su casa avisándole de su divorcio con la señorita Milán. Además, hoy vino porque recibió un aviso, no porque ella se lo pidiera.
Valerio se quedó mirando la luz del quirófano con el ceño fruncido. Tras pensar un momento, ordenó:
—Entrégale las grabaciones de seguridad de la casa a la policía para que las revisen. Además, checa exactamente en qué fecha regresó Adrián al país y averigua si los negocios de sus padres tienen alguna relación con el Grupo Ramírez.
—¿Sospecha que regresó con otras intenciones? —preguntó Diego.
Valerio guardó silencio.
Diego se apresuró a añadir:
—Hay algo más... no sé si deba informárselo.
—¡Habla! —exclamó Valerio con fastidio.
El semblante de Valerio se ensombreció aún más, apretando los labios con fuerza, como si tratara de tragarse todo su coraje.
Guardó silencio por un momento y de pronto ordenó:
—Manda a alguien a acercar las fotos. ¡Busquen la etiqueta y la marca de las sábanas e investiguen!
Diego asintió de inmediato:
—Sí, enseguida. Y ahorita mismo asigno a más personal para que lo acompañen.
Mientras hablaba, Diego paseaba la mirada entre Valerio y el quirófano, sin poder contenerse de darle un consejo:
—Señor Ramírez, ahorita que cargó a la señorita Milán... el brazo que tiene lastimado... le sigue sangrando. Debería ir a que se lo curen. Acabo de platicar con los ginecólogos y me dijeron que un leve sangrado durante el embarazo puede darse por estrés o por la condición física; la señorita Milán va a estar bien. Usted...
—¡Vete a hacer lo que te pedí! —lo interrumpió Valerio con frialdad.
—Enseguida...

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