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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 206

Penélope mantenía una sonrisa en el rostro, intentando aliviar la atmósfera incómoda.

—Fue sin querer —dijo, fingiendo un tono suave—. Samuel, estás en la casa de Valerio, no hables tanto. Mira toda esta comida tan rica, ándale, a comer.

—Pero si Valerio me estaba preguntando... —replicó Samuel, mirando a Penélope con cara de fastidio.

—¡Ya ponte a comer! —le reclamó Penélope y, sin pensarlo dos veces, agarró los cubiertos para darle un golpecito en la cabeza.

A un lado, Erika escuchaba y observaba con la mirada tranquila.

En la familia Milán, Samuel era, sin duda, el que menos malicia tenía.

Hablar sin filtros era una de sus principales características.

Sin embargo, para Erika, todo esto era solo la punta del iceberg del sufrimiento que había soportado.

Solo de recordar el pasado, sentía heridas imposibles de sanar.

Mientras Erika estaba inmersa en sus pensamientos, sintió de pronto que Valerio le tomaba la mano que descansaba sobre la mesa.

Se la apretó con fuerza y la soltó de inmediato.

Acto seguido, el plato de Erika no tardó en llenarse de comida que Valerio le servía.

—Come, todo esto es lo que te gusta.

Erika le lanzó una mirada indiferente, dando por hecho que solo estaba montando un teatro frente a los demás.

Fingiendo agradecimiento, le dedicó una leve sonrisa y empezó a comer dando pequeños bocados.

Pero la mirada de Erika se posaba de vez en cuando en Isabel, quien había permanecido en silencio.

—¿Verdad, Eri? Mamá no está mintiendo, ¿cierto? —añadió, girando la vista hacia Erika.

—Si tú dices que es verdad, entonces así debe ser. No fue fácil para ustedes criarme; que yo pase por algunas dificultades no es nada, tómalo como mi forma de pagarles por haberme mantenido —dijo Erika sin prisa alguna, luego de limpiarse la comisura de la boca y levantar la cabeza poco a poco para mirarla.

Esas palabras, que en apariencia no decían gran cosa, junto con la dureza de su mirada, hicieron que Penélope se sintiera profundamente incómoda.

«Seguro como ahora tiene a Valerio apoyándola, me contesta con ese tono tan sarcástico», supuso Penélope en sus adentros.

Antes, pensaba que Erika le contestaba mal porque andaba de mal humor por los problemas de su casi divorcio con Valerio. Pero, poco a poco, se dio cuenta de que el carácter de la muchacha había cambiado.

En el pasado, ella podía pegarle y regañar a Erika. No importaba lo estricta que fuera, Erika jamás se habría atrevido a hacer comentarios sarcásticos, y mucho menos a rebelarse.

Esta mocosa siempre había sido dócil, muy fácil de controlar. Todos esos años logró soportarla en la casa precisamente porque tenía buen carácter y era manipulable.

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