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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 215

Por la expresión de revelación que se pintó en el rostro de la chica, era evidente que se había tragado todo el cuento.

Entonces, Erika continuó:

—A él no lo vas a incomodar, así que pídele lo que necesites; estás en confianza.

Mientras encendía su celular, Isabel asintió con la cabeza:

—Pues sí, me parece bien. Además, con la lana que tiene, no creo que sea tan codo...

Erika le dedicó una mirada rápida, completamente segura de que las creencias de Isabel eran idénticas a las de Penélope.

Aun así, le parecía perfecto. Resultaba que la presencia de Isabel le caía como anillo al dedo.

Si la chica armaba un berrinche para salir a comprar, las cosas saldrían mejor a que ella se lo pidiera directamente.

Erika le dio otras indicaciones más y se regresó a su habitación, con el pretexto de que no se sentía bien.

No le quedaba de otra más que esperar a que Valerio volviera a la mansión y que Isabel lograra convencerlo.

En el fondo seguía algo preocupada. Todavía no entendía cómo le iban a hacer Martina y Adrián para arreglar lo del equipo.

Si se trataba de pagarlo en efectivo...

Por lo que Erika los conocía, harían hasta lo imposible por echarle la mano.

Pero era una cantidad abismal...

Incluso si juntaran sus ahorros, seguramente quedarían en la quiebra absoluta.

¿Cómo iba a tener cara para arrastrar a sus amigos al mismo abismo de desgracias?

Este pensamiento la tenía abrumada.

Toda su vida, Martina la había cuidado y defendido en cada paso que daba.

Pero ella nunca había podido corresponder de la misma forma.

Sentada en el balcón, entre más vueltas le daba al asunto, más inmensa era la culpa y la frustración que sentía.

***

Al día siguiente.

En cuanto Isabel vio llegar a Valerio, corrió a buscarlo y le soltó sin rodeos:

—¡Valerio! Quiero ir a ver tiendas con Erika. ¿Nos das chance?

Al cabo de un rato, Valerio rompió el hielo:

—Mañana llega un amigo del extranjero. Quédense en casa.

Erika no le contestó de inmediato y solo le hizo un gesto con los ojos a Isabel. Si Isabel no era ninguna estúpida, entendería que la señal quería decir que no se diera por vencida y siguiera insistiendo en salir.

Sin embargo, Isabel soltó de sopetón:

—¿Qué amigo? ¿Está guapo? ¿Tiene dinero?

Las tres preguntas al hilo no dejaron lugar a dudas de que lo que quería era ver a un hombre que estuviera guapo y bien acomodado.

A Erika la dejó sin palabras por unos momentos. Solo deseó que esa actitud inmadura fuera algo que a Valerio le repugnara.

Pero en vez de eso, Valerio respondió con tranquilidad:

—Es más guapo y tiene más lana que yo.

Apenas lo había dicho cuando Isabel corrió hacia Erika y le rogó:

—Erika, ya que mañana habrá visitas en la casa, mejor vamos a la plaza pasado mañana, ¿sí? ¿Me das permiso?

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