—Sí, ¿qué tiene? —preguntó Erika.
—Una de esas veces los trajo el abogado, ¿verdad? Y dejó su tarjeta —explicó Martina—. Se me prendió el foco y le marqué. Obvio no le dije quién era, nomás le pregunté que si, en un divorcio, los bienes que ya estaban a nombre de alguien se los podían quitar después.
Erika contenía la respiración mientras escuchaba. Martina hizo una pausa de un par de segundos y continuó:
—Me contestó que si el exmarido no canceló el trámite, todo lo que ya se traspasó sigue a nombre de la mujer. Entonces le pedí a Adrián que checara con unos contactos. ¿Y qué crees? ¡Jaja! Resulta que las casas, los carros y todas esas propiedades que te dio Valerio siguen a tu nombre. Y también hay un cheque por una lanísima.
Erika intentó entender a dónde iba su amiga. ¿Acaso Martina quería que usara ese dinero para pagar la compensación del equipo que supuestamente debía?
¿Si hacía eso, por fin podría librarse de todo este infierno?
Sin deudas de por medio, Valerio no tendría ningún pretexto para molestar a Martina.
¡Era una gran idea!
A fin de cuentas, él le debía mucho por todo lo que la hizo pasar en ese matrimonio, quedarse con esa compensación era lo más justo.
Cuando se divorciaron, ella se empeñó en rechazar el dinero porque solo quería cortar lazos definitivamente con Valerio.
Pero a estas alturas, usarlo no sonaba tan mal.
Podía dejarle las propiedades; con el cheque bastaba. No solo cubría la supuesta deuda del equipo, sino que le sobraría para irse de la ciudad y mantener a sus hijos tranquilamente.
Pero al pensar en eso, Erika volvió a preocuparse y preguntó rápido:
—Marti, ¿pero sí voy a poder cobrar ese cheque sin broncas?


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