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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 452

—Eri...

Valerio apenas se había puesto de pie para llamarla cuando la voz de Erika lo silenció:

—Thiago, tú eres el mayor. Responde.

Thiago apretó el borde de su camisa con sus manitas y respondió obediente:

—Mami nos enseñó que no podemos aceptar regalos de extraños.

Apenas terminó de hablar, Enzo miró a Valerio, levantó la mano y no pudo evitar decir:

—Mami, tengo algo que decir.

—Adelante, te escucho —respondió Erika, manteniendo su expresión severa.

Enzo tragó saliva, se armó de valor y dijo:

—El señor no es un extraño, ha sido muy bueno con nosotros.

—¿Ah, sí? Entonces dime, ¿dónde vive? ¿Cómo se llama? —cuestionó Erika.

Enzo se rascó la cabecita, sin saber qué responder. Su mirada no se apartaba de las cajas, luciendo muy decepcionado.

Alma, por su parte, corrió directamente hacia Erika, levantó su carita y le suplicó:

—Mami, no te enojes, ya no los queremos. Y no lo ignores a él, ayer me salvó.

Al escuchar a Alma, los otros dos pequeños se unieron al coro diciendo que ya no querían los regalos y corrieron a abrazar a su madre para contentarla.

Erika se agachó lentamente, los miró a los tres con detenimiento y dijo:

—Pórtense bien, vayan a jugar un rato con la señorita Amelia por allá. Mami los alcanzará en un momento.

Aunque su tono se había suavizado, aún conservaba un deje de severidad.

Los niños, a regañadientes, siguieron a Amelia a otra parte del set.

Valerio, lejos de molestarse por haber sido interrumpido, tenía una ligera sonrisa en los labios.

Caminó con paso tranquilo hacia una silla, se sentó con total naturalidad y levantó la mirada para observar a Erika con evidente admiración.

—Lo hiciste muy bien, pero te equivocas, estos regalos no son para sobornarlos.

Apenas terminó de hablar, Diego, demostrando su excelente instinto de supervivencia, intervino de inmediato:

—Señorita Milán, estos son beneficios del cliente para los niños. Mire allá, otro vehículo acaba de traer más regalos que se repartirán en las demás locaciones.

Erika miró en la dirección que señalaba Diego con evidente incredulidad. Aunque él dijera eso, desde lejos se notaba que las envolturas eran completamente distintas.

Hizo una pausa y dijo con frialdad:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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